MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

Menu

columnas

Loredana Morando Nannizzi

Gordita de alma, flaca de cuerpo. Constructora de su delgadez. Restauradora de su vida. Estado civil: en una relación complicada con la Arquitectura. Sus mejores amantes: la fotografía y el entrenamiento. Saliendo del clóset por la escritura. Fantasea todas las noches con viajar y volar.

El combo jodido

La vida entre las excusas,  procrastinacion y la adrenalina.

La vida es, entre tantas cosas, una lucha eterna entre nuestras excusas y nuestras ganas de hacernos cargo. 

Las excusas pueden ser infinitas para infinitas situaciones, pero al final  siempre, pero siempre, tienen el fin de evitar que nos hagamos cargo de eso a lo que le anteponemos la excusa. 

A veces queremos hacernos cargo pero se antepone la bendita procrastinación.
Este término tan de moda es el mal de muchos de nosotros. Es postergar, postergarse, dejar para mañana, hacer después. 

Por último, en una línea más, se suma la adrenalina como modus operandi de vida. Muchos procastinan/postergan por perezosos, desganados o por falta de real interés. Otros porque el hecho de hacer las cosas a último momento, mezclado con la confianza de que "sea como sea va a salir", nos genera adrenalina. 

Y he aquí un combo sumamente peligroso. Para la vida. No solo para bajar de kilos que es, digamos, el tema central en mis columnas. 

El asunto es que esto de bajar kilos va más allá de la baja de kilos en sí. Implica cambiar un estilo de vida porque si me interesa sostener el peso, tengo que sostener otro nuevo modo de vida. Siempre pero siempre, nuestro cuerpo es reflejo de un estilo de vida porque, al final, siempre consciente o inconscientemente estamos eligiendo qué hacer con él. No darle bola es un estilo de vida, darle bola extremadamente también lo es, darle bola cada tantos meses cuando el cuerpo habla o darle bola en medida justa también es un estilo de vida. Uno no vive en torno al cuerpo o sí, según el caso, pero por lo general uno primero vive y luego el cuerpo habla y uno ve si le responde o no. 

Por muchos años no escuché ni miré a mi cuerpo. Hace casi ya tres años lo empecé a mirar y recién ahora creo que lo empiezo a escuchar. Escuchar al cuerpo es, por ejemplo, sentir que estás lleno y no comer más, es distinguir entre el hambre (físico) y las ganas de comer (psíquicas).

Entonces, si detecto qué es lo que dentro de mi estilo de vida me lleva a engordar y ataco ahí, con fuerza, sucede la "casi magia" y voilà: bajás de peso. Pero claro, cambiar hábitos instalados hace años no es tarea sencilla, "casi magia" es bajar de kilos, sostener ese cambio en el tiempo es "magia pura" porque cuando la lucha con los kilos de más es una historia de años, no se trata de "no hago ejercicio" o "se me complica organizarme para cumplir la dieta", se trata de asuntos que van mucho más allá de lo concreto y tangible, se trata "de la cabecita". Si anotarse en un gimnasio es una tarea difícil, no se imaginan lo difícil que es que tu cabeza logre instalar ese hábito, así como cualquier otro que vaya en contra de tu naturaleza. Y mierda que la cabecita es difícil de cambiar! 

No soy psicóloga, no soy experta en obesidad, no soy nutricionista, por eso hablo siempre desde mi experiencia que es lo único que tengo y me pongo a mí misma como ejemplo, lo único real que tengo para contar. Cuento lo que aprendí en estos cuatro años y medio de terapia individual y en estos casi tres años de terapia grupal de "gordos", como algunos nos decimos con cariño entre nosotros.

Volviendo a lo del combo, combo que motiva mi columna de hoy (y qué bueno que ya no es más el otro combo que antes me motivaba, el de esa cadena de comida muy basura), puedo contar que yo lucho a diario con ese del principio: excusas vs. hacerme cargo, procastinacion y búsqueda de adrenalina. Y sí, este también es un combo jodido. Porque cuando no ataca uno, ataca el otro o ambos. Son pocas las veces que no atacan juntos. Y esas son las veces en las que dejo las excusas de lado, me hago cargo de lo que quiero y hago las cosas cuando las tengo que hacer sin buscar la adrenalina de hacerlo a último momento porque confío en que igual lo voy a resolver exitosamente.

En la vida en general, al final de todo, siempre termino resolviendo el asunto  aunque me postergue, pero esto no es gratis, tiene un precio, el precio del estrés, la ansiedad, la sensación de abrume mental y soga al cuello son altos. Muy. 

En mi caso, luego de bajar 75 kilos, en este momento en particular tengo 18 arriba de mi peso mínimo (se acuerdan que hace unos meses eran solo 13?) y entonces al estrés y abrume mental (que provoca para cualquier cosa el hecho de postergarse) se le suman KILOS. Sí, de a poco se van sumando kilos. Sigilosamente. Y ya ni tan sigilosamente. 

Lo bueno, en esta movida de buscarle siempre el lado positivo a las cosas, es que jamás me rindo, lo sigo trabajando, no abandono nunca mi terapia ni la terapia grupal, porque con estos dos frentes me garantizo trabajo mental constante para modificar hábitos de 28 años instalados en mi vida que pensaba que se iban solo bajando kilos, pero no. Los bajé y de a poco vuelven, no han vuelto todos porque jamás dejé de darle pelea "a esto". 

Ahora sé que en mi vida ese combo recurrente y peligroso hace que, al final, la mayoría de las veces, termine queriendo comer sin control durante días. Ahora sé que si le doy lucha eterna a ese combo y me entrego a trabajar esto sin cansancio entonces puede ser que empiece a ganar más de lo que pierdo. O a hacer que cada vez los atracones sean más espaciados, por ejemplo. O a hacer que quizás la próxima no son 18 sino cinco. Y así voy reduciendo daños.

"Me estoy por recibir y no doy más del estrés entonces como mal", es una excusa. "Me estoy por recibir y me hago cargo de bancarme esto sin comer compulsivamente" es hacerse cargo. 
"Comer a escondidas genera adrenalina"
"Mañana empiezo la dieta porque sé que no se me va a ir de las manos y al final de cuentas voy a poder" es postergarme porque me gusta la adrenalina de resolver todo a último momento y porque creo que puedo aunque el costo sea negativo. Y si el costo es negativo y así y todo lo elegís, se torna destructivo. 

Sí, al final, todos somos destructivos, en mayor o menor medida. Siempre jugamos con algo que nos hace mal. Sea lo que sea, un objeto, un hábito, una persona, un sentimiento.

Las invito a que, tengan o no una lucha contra los kilos de más, trasladen estas cosas que les conté a sus vidas y piensen: ¿Qué quiero para mi vida? ¿Me hago cargo de eso? ¿Quiero hacerme cargo de eso? ¿Cuáles son mis excusas para no hacerme cargo? ¿Qué es lo que postergo en mi vida? ¿Lo hago por perezosa o porque busco adrenalina? 

Elegir es hacerse cargo. Así elijas seguir donde estás. Sea positiva o negativa la decisión, afrontala con responsabilidad. 

Ya me recibí, ya soy arquitecta. Esa excusa se terminó. (Aunque les confieso que en cuanto a lo laboral y mi vocación aún no tengo nada en claro, pero me adelantó y les digo que mi crisis existencial no va a ser excusa para seguir sumando kilos). Ya tengo mucha teoría en claro. Si ven que sigo subiendo de kilos es porque no me estoy haciendo cargo de lo que quiero para mi vida. Todo lo demás que les pueda decir sepan que son excusas.

PD: Esta columna también la escribí a último momento confiada en que siempre tengo algo para decir, espero esta vez me haya salido bien y el mensaje les haya servido de algo. Al final, mis columnas no tienen otro objetivo más que ese.