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Rosana Pombo

Psicóloga, Sexóloga clínica, Terapeuta cognitiva y de parejas. Profesora de Sexología en la Universidad Católica. Dirige el Centro Médico Sexológico PLENUS junto a un equipo interdisciplinario dedicado a la asistencia y la investigación en disfunciones sexuales.

Menopausia y sexualidad

Culturalmente, la menopausia es relacionada con una serie de falsas creencias y preconceptos necesarios de develar. Se asocia a cambios biológicos, emocionales y cognitivos negativos, lo que genera que esta transición del climaterio sea enfrentada con temor. Y, en muchos casos, desde una perspectiva depresiva, ansiógena y catastrófica.

En las últimas décadas se ha evolucionado mucho en el estudio y abordaje del climaterio femenino y la realidad ya no se corresponde con los mitos socialmente extendidos. Por eso, es importante confrontar esos mitos negativos con la realidad.

 La menopausia es el fin de las relaciones sexuales

“¡Ya no tengo que cumplir!”. Podemos recordar que era un dicho muy arraigado que decían nuestras abuelas y que se repetía generación tras generación, acompañado de un gran suspiro de alivio. Había una directa asociación de las relaciones sexuales con la reproducción y, aunque no se persiguiera la meta de tener más hijos, seguir menstruando significaba esa posibilidad y por lo tanto la vigencia de las relaciones sexuales.

Finalizada la ovulación y el fin de la vida reproductiva, podían las mujeres respirar tranquilas sin el temor de perder a su pareja o que “se fuera con otra”. Ya habían cumplido con su deber marital.

Herederas de una educación restrictiva, prohibitiva, donde el placer estaba destinado por derecho solo a los varones, el sexo era solamente con fines reproductivos. Disfrutarlo significaba ser “una loca”, era patrimonio de las prostitutas. Sin embargo, tenían el deber de complacer a sus maridos, apaciguar esa suerte de necesidad física, la cual si no era colmada con cierta frecuencia traería para las esposas consecuencias indeseadas. 

Ahora y gracias a la menopausia, como una aliada comprensiva y esperada, podían jubilarse dignamente del sexo, sin cuestionamientos, enojos, ni caras largas, con el merecido reconocimiento social y cultural. Las mujeres ya no están para “esas cosas”.

Falso: esta creencia es falsa y nos lleva a realizar una diferenciación importante, la menopausia implica la última menstruación y que finaliza la etapa reproductiva. Se da el cese de la función ovárica, ya no se generarán más óvulos, y por lo tanto no se podrá concebir pero nada tiene que ver eso con la posibilidad o el deseo de mantener relaciones sexuales.

No obstante, sí puede aparecer una disminución de la libido sexual relacionada a las molestias o síntomas producidos por la disminución en la producción de estrógenos y también, desde el punto de vista psicológico, por las vicisitudes que implica esta etapa de la vida relacionado a duelos y pérdidas.

Nuestra sexualidad no finaliza con la menopausia, solo sufrirá algunos cambios y dependerá de cada mujer como los enfrente. La vivencia de la sexualidad, antes y después de la menopausia, sobre todo en la etapa de mayor sintomatología llamada pre y perimenopausia (entre los 45 y 55 años), y postmenopausia (pasada la menopausia, la última menstruación), se relacionará con varios aspectos, por ejemplo: cómo ha sido su sexualidad antes de esta etapa, si ha sido placentera y plena pero quizás obstaculizada por falta de privacidad y oportunidad, por la prioridad de la crianza de los hijos, ahora puede significar una etapa que coincide con la adolescencia de los mismos o incluso con el abandono del hogar paterno por la conquista de la  independencia. Por eso, significará tiempo de oportunidad y mayor privacidad, junto a la liberación del riesgo al embarazo.

Para otras mujeres que han vivido una sexualidad marcada por el bajo deseo sexual, la pasividad, el tener sexo solo por cumplir para evitar consecuencias negativas sobre la relación de pareja, la menopausia y sus síntomas (“los calores”, bochornos, tufaradas de calor, irritabilidad, mal humor, dolores corporales, ansiedad, elementos depresivos y síntomas genito-urinarios), puede significar una gran aliada como excusa para no estar dispuesta o disponible para las relaciones sexuales.

Una etapa de oportunidades para disfrutar

En esta etapa del climaterio, nuestra sexualidad se puede resignificar positivamente. Se generan muchas ventajas que nos permitirán continuar enriqueciendo nuestra experiencia sexual, lejos del miedo al embarazo y abriéndonos al disfrute sexual.

El erotismo puede llegar a ser el verdadero protagonista que habrá que cultivar y recrear. Y en esta fase de nuestra vida, el principal órgano sexual por excelencia, no será ya una imagen sexy de nuestro cuerpo, la idea de la juventud infinita, sino nuestro cerebro. Existen cambios y expresiones que pueden hacer a las mujeres mucho más atractivas por el simple hecho de sentirse bien, confiadas y seguras de sí mismas.

Apostar a la idea de que la menopausia no modifica negativamente nuestra sexualidad, puede hacer la gran diferencia entre padecer la menopausia o darle un valioso y trascendente significado femenino.