columnas

Loredana Morando Nannizzi

Gordita de alma, flaca de cuerpo. Constructora de su delgadez. Restauradora de su vida. Estado civil: en una relación complicada con la Arquitectura. Sus mejores amantes: la fotografía y el entrenamiento. Saliendo del clóset por la escritura. Fantasea todas las noches con viajar y volar.

¿Por qué darle una oportunidad al ejercicio?

Pesaba 145 kilos, me gustaba practicar deportes pero me declaraba enemiga de los gimnasios. Lo intenté varias ocasiones pero sin éxito. La excusa era que odiaba el encierro  y prefería hacer deportes por lo lúdico... La verdad era que cada vez que iba me sentía sapo de otro pozo porque físicamente no me creía capaz de hacer algo más que subirme a un caminador y, en definitiva, creía que eso no era para mí o yo no era para eso. Estaba rodeada de gente que podía y eso me frustraba. Igual me permitía intentarlo, no era solo hablar por hablar, era desde la experiencia: “Listo, lo probé, no me gusta”. Y dejaba.

 

En esa época y por un tiempo, con mi mayor peso alcanzado y por lo que les comentaba, llegué a jugar al handball con amigas una vez por semana. Yo juraba que jugaba al handball aunque me gustaría ver qué era lo que hacía. Nunca me gustó demasiado y ninguna quería jugar al voleyball, mi deporte favorito.

 

Cuando llegué a la clínica, mi doctora y nutricionista me negaron rotundamente hacer otra cosa que no fuera caminar, por lo menos durante los primeros meses. Me explicaron que cada kilo de más de nuestro cuerpo, para las rodillas, es como si fuera cinco veces más. Si multiplicaba mis kilos extra por esa cifra era suficiente para entender porqué la prohibición. ¡Cada una de mis rodillas cargaba 375 kilos! Y yo estaba siendo una afortunada que había jugado al handball con ese peso. Encima fumaba al salir del partido, justo ahí cuando se abren más los pulmones. ¡Pobre cuerpo, gracias!

 

Ahí empecé a sentir que ese cuerpo que tanto había castigado había sido muy noble, había aguantado sin quejarse y ahora merecía solo cuidados.

 

Y obedecí a los médicos, hice solo caminatas de octubre a abril, caminé y troté mucho, fui con un equipo de runners y empecé a animarme a correr. Pero no me enamoré del running aunque no lo descarto. Así como antes no me gustaba el gym y ahora sí, mañana me puede pasar lo mismo con las corridas. Pero en ese momento yo necesitaba algo más, quería tonificar... ¡y evadir el frío de la rambla! Así que en junio, pesando 98 kilos, fui  al gimnasio. Ya sabía de mi enemistad con esos lugares pero, esta vez, quería darle una nueva oportunidad y me hice socia.

 

Un amigo, el ruso, me convenció de que empezara por body pump. Fui, me presenté con la profe y me dijo: "no amor, primero 15 días en sala para despertar un poco esos músculos y luego vení". Casi que en pánico me paré frente a las puertas de vidrio de esa sala de musculación, miré asustada y salí corriendo al vestuario a escribirle al ruso "eso no es para mi!, son todos tipos musculosos, no soy del palo, no quiero". Y me dejé convencer, cerré los ojos, me saqué todos los prejuicios de la gente que estaba ahí adentro y los prejuicios de mí misma y entré, dejé la vergüenza afuera, me entregué, conté mi historia y me dejé llevar. Y la respuesta fue hermosa, una gran sonrisa de un tipo "musculoso" dispuesto a ayudarme en mi desafío. Y no era Mario la excepción. Después conocí a Camilo y a Alhan, otros dos tipos musculosos a los que hoy les agradezco tanto que ni se imaginan. Me motivaron y me motivan día a día, me ayudaron a llegar a mi peso, me retaron con una sonrisa seria cuando volví a recuperar algunos kilos. Pero hoy me siguen dando su apoyo y motivación. No son dos tipos musculosos solo haciendo su trabajo, son dos personas que me ayudan a dar mi mejor versión a diario. No entreno para tener un mejor cuerpo, eso es la consecuencia, entreno porque quiero otra cosa para mi vida, quiero salud mental, quiero salud física. Quiero ser responsable y hacerme cargo de la nueva versión de mí que estoy construyendo, no una Loredana musculosa, una Loredana que se hace cargo y toma acción. Y el ejercicio es uno de los pilares más importante para todo lo que quiero seguir construyendo en mi vida, como buena arquitecta que ahora soy.

 

Supe aguantar la frustración de los primeros meses, entendí que el cuerpo necesitaba adaptarse, pude esperar y me dejé sorprender. Cosas bastante inusuales en mi vida: tener paciencia y saber esperar. Hoy tengo en claro que bancar todo eso fue posible gracias a que descubrí la magia de las endorfinas. Y una vez más ¡voilà, serendipia!: fui a una clase de body pump buscando tonificar y me encontré con que entrenar, así lo llamo desde el día en que empecé a elegir esto, es ni más ni menos que salud mental, es conexión con el cuerpo, es energía triplicada, es cuidado, es vitalidad. Todo eso que yo no tenía idea que carajo era y ahora disfruto con el alma a diario. ¿Lo mejor? Aunque me encanta hay muchos días que busco excusas para no ir, pero cada uno de esos días que voy aún deseando no ir, salgo con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Se me está terminando la pasantía de arquitectura en el Teatro Solís que tanto me dio como persona, estudiante y arquitecta. Recién recibida me puse a buscar trabajo como loca, necesito concretar el sueño de mudarme sola. Nada salía, estaba triste y una vez más algo inesperado surgió, no tiene nada que ver con la arquitectura pero lo más lindo es que tiene que ver con mi vida, mi nueva vida... y ahora uno de mis trabajos es en el gimnasio que tanto me dio y me sigue dando, mi otro hogar.. como la clínica.

 

¿Qué mejor que un picoteo de trabajos variados para alguien que le gusta hacer de todo? Amo los desafíos y este es uno. Sigo buscando mi lugar en el mundo como arquitecta, empiezo a buscarlo como fotógrafa, redactora, escritora, pero ya tengo una primer ancla arraigada en esta nueva oportunidad que me estoy dando con este nuevo desafío que solo me aportará crecimiento y conocimiento de otros mundos.

 

¿Por qué darle una oportunidad al ejercicio cuando jamás en tu vida lo hiciste y crees que eso no es para vos? Porque si a mí me dio todo esto habiéndolo probado y odiándolo como lo odiaba... a vos te puede sorprender también. Porque en realidad es darte la oportunidad a vos mismo de descubrir cosas nuevas  que jamás imaginarías que podrían tornarse parte de tu vida.

 

Eso es serendipia, una vez más. Esta vez a través de la magia de las endorfinas.