MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

Menu

columnas

Emilia Díaz

Madre, actriz, psicóloga social, comunicadora, de enrulado pelo y alma. Su madre viola aburrida y a los 6 años metiola en ballet, piano, teatro, karate y canto lírico. Su formación: tan ecléctica como su infancia y pubertad. Ama los espíritus libres y estar entre mujeres.

¿Y si jugamos distinto?

Ya pasaron unos años de aquel cumpleaños de mi primer hijo en el que dividía sorpresitas de nenas y de nenes. Atentas y explosivas mis amigas feministas con cariño me acercaron algunas lecturas críticas que abrieron mis hemisferios: el izquierdo y el derecho (ojo con confundir masculino y femenino, jaja).

 

Hace más de 25 años que trabajo en los medios y puedo decir con orgullo que presencié un cambio importante: en este periodo las mujeres dejamos de ser el florero lacio y con cerquillo que acompañaba al showman de turno. Hoy somos conductoras y productoras de nuestros propios programas de TV. Faltan más aún, lo sé, pero estamos en camino!

 

En todos estos años de carrera profesional me casé, parí, renuncié, re-contraté y sigo viva, como muchas de nosotras. Y me divierte pensar en aquellos años donde no había números a la vista para saber de porcentajes de mujeres en política, en los medios… y se hablaba que no "llegábamos" porque no queríamos, no nos interesaba o no estábamos capacitadas. Hoy la discusión es otra.

 

Parece que Tinelli no marca tanto la cancha en rating (al menos en Uruguay) y Ni Una Menos puso en el tapete la urgencia del compromiso de la mujer de a pie y de políticas públicas que sean coherentes desde la raíz, no solo desde el blablablá… Es una histórica deuda que tiene la sociedad con nosotras y que tenemos nosotras con nosotras mismas. Porque la sociedad también esta compuesta por mujeres que defienden el status quo y con fuerza conservadora sostienen una cultura que refuerza la desigualdad y pretende desandar los derechos adquiridos por tantas, para tantas! Las hay en todos los sectores políticos y en todas las instituciones…

 

Pero los tiempos cambian. A un clic estamos de decirle al magnate de turno que no nos gusta lo que hizo o dijo. Y esa es una gran conquista. Claro que no todas/os manejamos las tics, pero al menos podemos ser portavoces de otros discursos más inclusivos, más democráticos, más luminosos.

 

En pleno 2017, una adolescente en su clase de secundaria ve entrar a un joven del área de deportes a la clase preguntando quiénes quieren apuntarse para el equipo de fútbol. Ella levanta la mano y después de recibir miradas sospechosas el coordinador le explica que es solo para chicos. Ella pregunta por qué. No hay respuesta inmediata y tras un titubeo le responde: "es así como está armado".

 

Otro compañero que también había levantado la mano para participar acota: "si entran chicas tenemos que jugar distinto". El coordinador añade: "armaremos cuadro de chicas si llegamos al cupo suficiente". Ella responde: "Pero yo no quiero esperar, además está bueno que juguemos en equipo mixtos… ¿y si jugamos todos distinto?".

 

¿Y si jugamos distinto? Quiero invitarte a que te sepas ser humana con todos tus derechos. Te invito a interrogar tus prácticas. No me importa si tenés 90 años o 10. Nunca es pronto, nunca es tarde. Nosotras, desde la práctica chiquita de nuestra existencia podemos cambiar esto que parece atroz y lejano… como un balazo en el cuerpo de una mujer frente a sus hijos. Esa catástrofe no podemos cambiarla pero podemos hacer que no vuelva a suceder. Sé que se puede, duele, pero se puede.

 

Empecemos interrogando dicotomías, juegos invisibles que parecen inocentes y refuerzan desigualdades. Es verdad, somos diferentes a los hombres, pero diferente no es desigual: merecemos el mismo trato, las mismas oportunidades, los mismos derechos. Entonces si en el cumpleaños infantil los/las animadores/as dividen para competencia de cacería nenes de nenas, preguntá por qué, proponé otro tipo de división. Si en el campamento de tus hijos/as hay cabañas de nenas y nenes, preguntá por qué y proponé otra movida. Si en el texto de la obra teatral a la que te llaman para actuar se acentúan los roles masculinos para la acción y los femeninos para el cuidado, hablá con el dramaturgo/a o director/a y preguntá por qué, proponé otra alternativa. Si hay "papi futbol" y "mami hockey", o hay sólo "papi fútbol" y vos querés jugar al fútbol y sos mami, pedí volada y proponé un cambio. Si compraste un regalo para un cumple infantil y en la caja te preguntan si es nena o varón: preguntá por qué o respondé "es indistinto".

 

Somos distintos/as. Pero distintos/as en el idioma del poder es desigual. Entonces para igualar hay que identificar desigualdades o acciones desiguales que provocan desigualdad, sobre todo esas acciones que bajo guiño de "nenes y nenas" refuerzan dicotomías. Es indistinto pero no me es indiferente. Importa la división cuando es en función de acentuar diferencias basadas en estereotipos de género que reproducen desigualdad.

 

¿Importa finalmente? ¿Te importa tanto finalmente? Porque si importa tanto seguir con la dicotomía absurda de dividir los mundos de los nenes y de las nenas entonces no se indignen por lo que viene después. Serán adultos/as disfrazados/as simbólicamente de rosado y celeste, que durante su infancia reforzaron a través de esa división no sólo el color/tipo/forma de ropa, juguetes, juegos sino también: amistades, intereses, sueños, gustos, fantasías, autoestima, capacidades, es decir: todo el resto del paquete que viene con el moño de color.

 

Todas/os colaboramos para formar bandos: el bando que reproduce a los ganadores y el bando que reproduce a las perdedoras. Ganadores que también son víctimas de un sistema que necesita de esa desigualdad para seguir existiendo. Perdedoras que por romper techos de cristal y lograr ejercer sus derechos pagan costos altísimos de stress, exclusión, soledad y agobio. Para mí la ecuación es clara, jugar a dos bandos es jugar a perder siempre.

 

Es más difícil el camino de abrir la cancha, abrir el juego, cambiar la forma de jugar… mostrar las cartas y volver a barajar. Diversidad implica convivir, compartir, experimentar, debatir, cambiar las reglas del gran juego. No es EL DÍA de la diversidad, no es LA SEMANA de la inclusión, son todos los minutos del día. Y claro que las nenas queremos estar solas entre nosotras a veces y que los nenes también querrán lo mismo. Lo lindo de esto es preguntarse: ¿para qué? No hay obligación en compartir, pero ¿por qué el mandato de las instituciones parece ser la OBLIGACIÓN EN DIVIDIR? Detrás de algunas divisiones hay desilusión, engaño y exclusión o lo que las estadísticas más tarde llamarán: brechas. Y ahí, al final del campeonato, perdemos todos y todas.