columnas

Ana Lima

Experta en Género y derechos de las mujeres.

Otro 25N se acerca...

A febrero de 2017 en Uruguay, en solo cuarenta días del año, cinco mujeres fueron asesinadas. A noviembre, ya son 22.

El 25N marcharemos miles de feministas en Montevideo. Sé que seremos miles porque del 23 al 25, en la Rural del Prado, lo que no deja de ser irónico en mi opinión, las feministas de América Latina y el Caribe y de algún otro país de este mundo en el que somos el 50% de la población, nos encontraremos bajo la consigna: "Diversas pero no dispersas", en el 14º Encuentro Feminista (EFLAC). Vamos a escucharnos, pensarnos, debatirnos, compartirnos, buscarnos en la memoria, hacer memoria. 

Vamos a marchar para que no haya niñas de 10 a 14 años embarazadas y obligadas a parir.

Para que las mujeres no ganemos 26,3% menos que los hombres en los mismos puestos de trabajo. Eso, a pesar de que los egresos en la universidad son un 65% de mujeres.

Marcharemos para que los grados 5 de nuestra Universidad de la República no sean el 75% hombres.

Para ocupar nuestros lugares en los puestos de decisión.

Para vivir nuestra sexualidad como nos de la gana.

Para dejar de ser aparato reproductor y de servicio.

Para que la educación no sea sexista.

Para que las mujeres y adolescentes afro-uruguayas, una población vulnerable por serlo, no estén en peores condiciones que los varones afros.

Hace unos días nos enteramos de que, en una prueba en un concurso a aspirantes para trabajar en el Banco de Seguros, se les asignó a los varones afro una cinta roja y un lugar distinto. Una discriminación vergonzosa. ¿Qué pasó? En Uruguay, ante la discriminación estructural por racismo en perjuicio de esa población, se sancionó una ley (conquista de las organizaciones sociales) que prevé obligatoriamente un cupo para la población afrouruguaya en centros educativos y laborales.

La ley no basta, hay que implementarla, aplicarla y, para hacerlo bien, hay que capacitarse en algo tan sencillo como esto: la igualdad, el derecho a no ser discriminado, la prohibición de discriminar. No se trata de: "está bien, hay que llamar y contratar afros".

Este proceso cultural es muy duro pero imprescindible.

Vamos a marchar para que no haya más mujeres asesinadas por la violencia machista.

Para que las leyes existentes y las que vendrán se apliquen con lentes con perspectiva de derechos humanos y género, sin racismo.

Porque todavía escuchamos que no hay diferencia entre el homicidio de una mujer y de un varón y para qué necesitamos ese delito. 

"El femicidio es un crimen moral", "lo habitual es pensar en un crimen instrumental para robar, por un ajuste de cuentas". Es como una forma de terrorismo", es decir para defender ideas, valores. Su masculinidad y la del grupo".

Comparte con la tortura las características de intimidar/aterrorizar a la víctima, al grupo al que pertenece y cuenta con la complacencia del Estado y/o de otros agentes. 

El machismo ha adoptado nuevos ropajes pero no ha cambiado. Ahora ya "no ayudan" a las mujeres, "se ocupan más que antes" de las tareas de la casa, de cuidar a los hijxs, van a buscarlos a las escuelas y se pavonean, no importa si con las llaves del auto, con termo y mate o las dos cosas, van y ahora está mejor visto.

Acomodan el discurso y el cuerpo pero no quieren deconstruir el molde que les da poder, su identidad de varones que durante tantos años los ha hecho el modelo "perfecto" a seguir. 

Estos contextos deben ser tenidos en cuenta para juzgar las muertes de mujeres. Siempre hay una historia.

"Qué hay para comer", pregunta el marido a una mujer. Ella explica que esa violencia cotidiana que fue variando en tonos y exigencias pero siempre en lugares asignados, se debe a que así le enseñó su padre y así lo hacía su madre. "A mis hijos todo, pero pensión y/o la casa, para ella, no".

"La denuncia es falsa". "La ideología de género", "las feminzais", "ya está", ya tienen matrimonio igualitario", "ya tienen ley contra la violencia". No, no está, hasta que no se entienda cómo se relacionan las personas, hasta que no se entienda que ese relacionamiento no puede ser desparejo. En serio, hay que seguir marchando.