columnas

Laura Falero

Comediante, comunicadora y música. No me animo a escribir mucho más porque vivo en constante cambio. Creo que todo tiempo pasado fue necesario

Está todo mal

El otro día llegué a mi casa y una de mis compañeras, estaba colocando la garrafa del gas y no tenía muy claro cómo hacerlo. Me acerqué y le mostré cómo era. Algo que parece muy básico pero se sorprenderían de la cantidad de mujeres que no saben hacerlo. Incluso, no se dan una idea de cómo disfruto cuando me traen el gas, porque con los años he entrenado con un tono ratificante y una actitud concisa, la siguiente frase: "DEJALA POR AHÍ QUE YO LA COLOCO", actitud que genera molestias en algunos, increpando: "BUENO COMO QUIERAS, IGUAL DESPUÉS SIEMPRE ME VUELVEN A LLAMAR PARA QUE SE LAS COLOQUE". Y ahí, tu empatía programada para situaciones de sociabilización se desarma en una sonrisa desabrida porque tu cuerpo te pide fuego. FUEGO, QUEMAR TODO DE UNA VEZ. Se te tapan todos los agujeros del cuerpo, te invade un zumbido cual señal de ajuste, mirada ausente como un muñeco de trapo y unos segundos de muerte súbita, exactamente igual al momento donde tu compu te avisa que está en problemas con la frase: "No responde". Pero en nuestro caso, nadie nos puede prender y apagar.

Es una solita la que vuelve a la vida modificada con veinte pancartas más para la siguiente marcha, un post de Facebook al respecto y más dinero, porque el mono del gas se quedó sin propina. Son las cosas buenas que tiene el feminismo.

Estas son las situaciones machistas que como están en el plano de lo liminal o sea que no se pueden percibir de forma consciente, están integradas a la sociedad como parte de la rutina del relacionamiento interpersonal. Es un no lugar. Allí se alojan un montón de situaciones domésticas machistas que van, desde la forma de vestirse como por ejemplo las túnicas de las nenas se prenden para adelante y las de los varones para atrás, hasta lo que comemos: ella ensalada, él carne. Y estos son mucho más que micromachismos, es mucho ruido. Es como el chip de dominación de poder que podría ser un gran capítulo de Black Mirror. Parecería que el hombre no va a parar hasta dominarse a sí mismo simplemente porque tiene miedo de habitar su cuerpo. Quiero ver ese capítulo, quiero ver a esa heroína, quiero a mi DESMACHIZADORA, con una capita y todo. Y después vemos.

Aunque pensándolo bien, está todo mal, porque… ¡mierda! Me acabo de dar cuenta que el camino del héroe es muy patriarcal porque siempre quiere conquistar y poseer algo. Entonces cuestiono el concepto de HÉROE con perspectiva de género. Y ¡ah! ¡El feminismo te arruina la vida!

Y lo volvés a comprobar. Está todo mal, sí. Nos fuimos al carajo como especie. Y lo que más produce furia en una mujer feminista, es saber que ESTÁ TODO MAL. Llegaron al inconsciente los cobardes y lo afectaron con el bicho. Y su grado de metástasis es tal que ha invadido siglos de información genética y siguen, siguen y siguen, porque se ve que tienen dinero para un disco duro de muchos teras los malditos capitalistas.

Es por eso que hay ganas de prender fuego todo. Simple. Está todo mal.

La rutina de una mujer está cargada de ese tipo de situaciones. Y más difícil aún es para una persona feminista. Vivir convenciendo al varón de que puedo y no que puedo hacer cosas solemnes ni demasiado ambiciosas para ser mujer (ja), sino algo tan estúpido como cambiar el cuero de una canilla, colocar una garrafa o revisar el aire de las ruedas de un auto. Las tareas, oficios, labores, estudios, no tienen género. Las mujeres somos más seguras cuando estamos solas y no bajo la mirada de un hombre, y eso está mal, porque es inconsciente. Y además siempre pienso, si sangro por la vagina durante 40 años soportando semejante voluntad biológica del azar, no le voy a tener miedo a una garrafa, ¿no?