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Rosana Pombo

Psicóloga, Sexóloga clínica, Terapeuta cognitiva y de parejas. Profesora de Sexología en la Universidad Católica. Dirige el Centro Médico Sexológico PLENUS junto a un equipo interdisciplinario dedicado a la asistencia y la investigación en disfunciones sexuales.

Cuando el sexo no funciona

Son frecuentes las consultas de parejas adultas que tienen un excelente vínculo afectivo y se quejan de no entenderse sexualmente. Generalmente, son nuevos vínculos, de pocos meses de duración y les sucede que, en la medida en que se repiten los encuentros sexuales, este problema en vez de mejorar se acentúa generando frustración, insatisfacción y comprometiendo la viabilidad de la unión.

Solemos pensar en una incompatibilidad sexual cuando, sin existir una verdadera disfunción sexual, la pareja no suele coincidir en gustos y preferencias sexuales, horarios, frecuencia, posiciones, estímulos, formas.

Muchas veces esto pasa en parejas que no se eligieron por atracción sexual sino por otros factores más racionales como considerar que es "la pareja adecuada", con la que encuentran mayor entendimiento, comparten valores, una filosofía de vida, seguridad afectiva, deseo de formar una familia, etc.

Vemos con frecuencia que aquellas parejas adultas que inician la relación vienen con significativa experiencia afectiva y sexual y se encuentran con la sorpresa de que el lenguaje sexual compartido dista de ser reconocido; no logran congeniar con lo que se espera del otro para sentir placer.

Los besos y las caricias parecen bruscos, torpes, inadecuados, apresurados; no tienen una devolución en sintonía, no se encuentra el ritmo; el estímulo en las principales zonas erógenas son a destiempo y no generan excitación.

Todo parece incompatible, nada fluye ni es armonioso y les resulta muy frustrante y ansiógeno. ¿De quién es la culpa? ¿Es culpa de él que no la sabe llevar? ¿De ella que no siente?

Mapa del amor: la atracción al instante

John Money, uno de los psicólogos sexólogos más brillantes del siglo pasado, se dedicó al estudio de la identidad y rol de género, de los transexuales, intersexuales, las parafilias y escribió en 1980, por primera vez el término de "lovemap", el mapa del amor.

Estos mapas de amor comienzan a formarse desde el nacimiento y son una especie de moldes llenos de circuitos cerebrales en los que se halla codificado qué nos atrae o genera rechazo. En la medida que avanza la adolescencia, estos mapas eróticos se solidifican y se vuelven bastante específicos en cuanto a una serie de características de la "persona ideal" como la estructura física, la raza, el color de piel, una especie de biotipo, así como su temperamento, su personalidad, su actitud, estado anímico general, etc. Se conforma una imagen mental de la pareja ideal, de los rasgos que uno encuentra atractivos, de su forma de pensar y ver el mundo, de sus comportamientos eróticos y también de la forma de abordar y comportarse en las relacione sexuales.

Elementos que pueden parecer obvios se combinan para convertir a esa mujer o ese hombre en alguien mucho más atractivo que los demás, alguien de quien nos sentimos atraídos irremediablemente para bien o para mal, a quien elegimos para iniciar una relación.

Así, nuestra manera particular de sentir placer quedará circunscripta a dar mayor importancia a determinados estímulos y no a otros para alcanzar la plenitud sexual. Si la persona con la que estamos, no se ajusta a estas expectativas, es posible que se produzca la incompatibilidad sexual.

Quejas frecuentes

La mayoría de las relaciones sexuales se inician bajo el preconcepto de que todo se desarrollará de forma espontánea y fluirá libremente. No hay nada qué aprender ni comunicar.

Los primeros encuentros pueden ser frustrantes y desconcertantes, llenos de obstáculos e insatisfacción, y pueden dar origen a disfunciones sexuales (bajo deseo sexual, disfunción eréctil, eyaculación precoz, coito doloroso).

La falta de diálogo sobre el problema, sentirse ofendido por las correcciones, el no ser explícito en lo que se desea, no comunicar la satisfacción o insatisfacción, no escuchar, no prestar atención, no aprender, etc. lleva a no lograr resolver el problema.

¿Cómo aprender a relacionarse sexual y afectivamente?

Si bien para lograr la vivencia de una relación sexual placentera y plena puede ser necesario que estén presentes varios elementos mencionados como la atracción mutua, la química, el afecto, el conocimiento, la experiencia, las habilidades amatorias de cada uno, la comunicación fluida y honesta, etc.; a la hora del encuentro sexual, el hecho de que no estén presentes estas variables no significa que no valga la pena intentar funcionar.

Muchas parejas relatan que están presentes los elementos suficientes como para desear compartir la relación con el otro y pueden aprender a desarrollar una serie de habilidades que les permitan relaciones sexuales más satisfactorias.

Para resolver el problema se requiere tiempo y voluntad de ambos. En este tipo de desencuentros influye la falta de educación sexual y el desconocimiento sobre la propia sexualidad y la del otro. El comportamiento sexual suele regirse según los estereotipos sociales en cuanto al rol sexual del varón y la mujer. Esos son los que dictaminan cómo deberían comportarse en la cama según los mandatos sociales que marca la cultura a la que pertenecen.

Se trata de trabajar en un reaprendizaje, en profundizar en el conocimiento sexual de sí mismo y del otro, en la comunicación honesta y asertiva, en la negociación de las necesidades y preferencias sexuales.

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