columnas

Laura Falero

Comediante, comunicadora y música. No me animo a escribir mucho más porque vivo en constante cambio. Creo que todo tiempo pasado fue necesario

El apocalipsis de las estructuras

Desde la primera columna hasta ahora, no se dan una idea la cantidad de información que recibí y sigo recibiendo. Siento que dentro de mi hay un disco duro conectado a una computadora madre que está bajando toda su información y que, además, la va ordenando y al mismo tiempo analizando, concluyendo, revelando, desarmando y volviendo a armar, como si fuera el mismo puzle, pero de otra forma: el puzle de la evolución de la humanidad.

¡Guau! Me pega cada vez más el existencialismo.

Siempre fantasee con vivir un apocalipsis, una catástrofe o al menos alguna pequeña aventura donde tenga que poner a prueba mis habilidades humanas. Además, siempre fui de afirmar que si se viene el apocalipsis, yo me salvo y mi grupo también. Y esto puede sonar soberbio o solemne, cada cual con su prejuicio, pero hay cosas que uno con los años va comprobando sobre sí mismo, cosas buenas, grises y de porquería. Por eso, si uno es sensato reconoce para lo que es bueno y debería de hacerse cargo de ello. Porque si no, solo vivimos de nuestras porquerías y la mayoría del tiempo somos infelices o estamos insatisfechos.

La cuestión es que si se viene el fin del mundo, me tengo fe o al menos creo que el grupo al que pertenezca se salva o prospera, por un rato. Y cuando escribía esto fue que me di cuenta que el apocalipsis ya está sucediendo y es EL APOCALIPSIS DE LAS ESTRUCTURAS". CHAN.

Y lo sentí de forma luminaria, una cálida noche de domingo, en la que volvía a mi casa caminando por 18 de Julio, del Cordón a Ciudad Vieja. En ese trayecto, y atravesada por un conmovedor estado de conciencia sobre la existencia, agudicé mis sentidos más que nunca y, desde el anonimato, fui recolectando un montón de datos que tiñeron mi caminata de puras reflexiones. Gente esperando el semáforo en rojo charlando sobre lo que le había pasado a Brissa, un grupo de jóvenes en un banco de plaza discutiendo sobre su comportamiento y el de sus amigxs, padres y madres con niñxs chicos correteando, con el ojo más atento que nunca, en mi wp, varios grupos compartiendo en ese mismo momento información sobre los acontecimiento de violencia machistas de los que somos testigos a diario en todo el mundo, un panfleto de las indígenas que visitaron Montevideo por esos días que decía: "cuidemos el agua", una pareja de extranjeros sacándole una foto a un sencil que pedía "NO + VIOLENCIA MACHISTA", dos amigas salteñas que recuperan niñas de la trata caminando por la plaza con pañuelos verdes en sus cuellos de Aborto Legal que me sonrieron y corrieron a abrazarme, personas que te miraban con una tierna y verdadera empatía, y otros que te eran intencionalmente indiferentes, y como broche de oro, la charla con el kiosquero de la Plaza Independencia sobre lo callada que estaba la ciudad. Porque se sentía así; no había ruido, porque la gente estaba conversando.

Y desde hace tres semanas, tengo esa sensación e intuyo, por todas las charlas que he tenido en este último tiempo con personas diversas, que después de mucho tiempo nos estamos dando la posibilidad de discutir, de que la palabra esté por encima de nuestros cuerpos.

La sociedad está siendo atravesada por un nuevo nivel de sensibilidad que parece prepararnos para un cambio globalizado de las estructuras y lo más lindo es que lo estamos hablando. Estamos charlando del tema, nos estamos dando esa posibilidad y eso es muy bueno. Lo aplaudo y lo celebro, porque charlar es cuestionar y todo va por ahí. Inmersos en una herencia histórica de represiones, opresiones, luchas de poder de clases y de género, estadísticas crueles, violencias y abusos atroces, crímenes políticos, asesinatos, feminicidios, productos de la desinformación y la ignorancia, la falta de ternura y de compresión, acosos, sumado a la violaciones a los derechos humanos para todas las razas, colores y géneros, y sobre todo al abuso de nuestros cuerpos y los recursos del territorio- CHARLAR sobre esto no es un detalle menor, es un permiso que habla de una sociedad que está dispuesta a prosperar de una forma más sensata.

Ahora, muchos se preguntarán, ¿de qué estamos charlando en realidad? ¿Y… de las estructuras del poder, no? El maldito poder.