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Rosana Pombo

Psicóloga, Sexóloga clínica, Terapeuta cognitiva y de parejas. Profesora de Sexología en la Universidad Católica. Dirige el Centro Médico Sexológico PLENUS junto a un equipo interdisciplinario dedicado a la asistencia y la investigación en disfunciones sexuales.

¿Cuánto influye la pornografía en la pareja?

El daño generado por el consumo habitual de pornografía fue el tema tratado en el XLVI Congreso de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y VII Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática.

Varios estudios revelan que el consumo controlado y consensuado, compartido con la pareja, puede resultar positivo y enriquecedor en la experiencia sexual potenciando el deseo, la excitación y el placer. A su vez, puede contribuir al desarrollo de una mejor comunicación, más abierta, directa y honesta, a incluir variantes eróticas, desplegar la imaginación y las fantasías y, como resultado, incrementar los niveles de intimidad y complicidad.

Vemos también en la consulta que hay parejas que lo relatan como una oportunidad para aprender y compartir una experiencia sexual satisfactoria. Por lo tanto, ¿cuándo pasa a ser un problema?

Surge como problema cuando el consumo de la pornografía se vuelve una conducta tan frecuente y necesaria que parecería que la persona en estos casos los varones en general- no logran excitarse adecuadamente o responder a los estímulos sexuales de la pareja, si no está presente el estímulo porno. O más problemático aún, si siente que es más excitante si vive la experiencia a solas.

En la consulta sexológica se viene observando un aumento significativo en el consumo de pornografía. Sus efectos negativos sobre el ejercicio de la sexualidad en la pareja genera crisis y disfunciones sexuales.

Los pacientes relatan que si bien la pornografía acompañó desde la adolescencia su actividad masturbatoria, con el correr de los años y arribada la vida adulta, los estímulos sexuales que la acompañaron fueron aumentando en niveles de frecuencia y tiempo dedicado, transgrediendo cada vez más las barreras morales del contenido sexual explícito, pudiendo desarrollar una verdadera conducta adictiva y compulsiva.

Muchos de ellos terminan sufriendo importantes dificultades para alcanzar la excitación y erección sin apelar a este tipo de estímulo sexual. No logran responder solo con la estimulación física masturbatoria, con el desarrollo de fantasías sexuales, ni ante la relación sexual con el otro.

En general, llegan a la consulta cuando esto genera un conflicto en la relación, cuando la pareja relata que él experimenta bajo deseo sexual por las relaciones sexuales, cuando lo ha descubierto en reiteradas ocasiones consumiendo material pornográfico y masturbándose.

El mismo paciente puede reconocer su preferencia por la actividad sexual a solas que compartida.

Internet sin barreras

El consumo de pornografía de alguna manera ha ido condicionando el estímulo sexual necesario para lograr una respuesta sexual adecuada.

La industria pornográfica se ha convertido en un importante "educador sexual" de millones de personas, las cuales acceden libremente y sin obstáculo alguno a imágenes y contenidos que nunca hubieran imaginado alcanzar de no ser por internet.

Cuando se accede a estos estímulos a edades tempranas, cuando la persona aún no ha accedido a un grado de madurez necesaria como para enfrentar con una actitud crítica y moral este material, pueden desarrollarse conductas sexuales patológicas como los trastornos adictivos y compulsivos que pueden llegar a determinar su desarrollo psicosexual y la manera de relacionarse con el sexo.

El objeto de deseo sexual puede distorsionarse, desviarse y convertirse en algo disociado, donde no se logra integrar la interacción con el otro en tanto pareja sexual, ni existir la necesidad de comunicación, siendo la gratificación sexual inmediata, cosificada, desafectivizada y deserotizada, el único y exclusivo camino para vivir el placer.

Más porno y menos erotismo y el amor

Las personas empiezan a desestimar el estímulo erótico y afectivo atribuido a las fantasías, al encuentro consigo mismo y con el otro. Las imágenes prohibidas han perdido su efecto, hoy están todos los permisos, la atracción y el amor ya no funcionan como afrodisíacos, lo instintivo, las sensaciones, los sentidos, las emociones, van perdiendo terreno en relación a lo pornográfico.

El sexo basado en la pornografía acarrea muchas dificultades, ya que no promueve la libertad sexual sino que la limita. La pornografía es simple y básica, masculinizada, es la reducción de la relación sexual a lo coital, basado en la satisfacción masculina, reduciendo al otro a el objeto de satisfacción sexual, anulando cualquier expresión o comunicación afectivo erótica, cuando la sexualidad es mucho más amplia.

Consecuencias de disfunciones sexuales y conflictos de pareja:

Pérdidas del deseo sexual en pareja, eyaculaciones retardadas en la relación sexual, dificultades con la excitación y la erección. El estímulo eficaz ya no es el mismo, ha pasado por un proceso de recondicionamiento a través de exposición reiterada a la pornografía, incluso en detrimento de lo instintivo. Estamos aprendiendo a excitarnos sin necesitar del otro.

Con frecuencia las parejas de los adictos a la pornografía expresan gran malestar, se sienten rechazadas, traicionadas, desplazadas, con una importante disminución de su autoestima, con muchas inseguridades con respecto a su atractivo, su capacidad de dar placer y complacer a su pareja.

Muchas incluso consideran la interacción con la pornografía como un acto de infidelidad, ya que suelen descubrir chats con contenido sexual.

Finalmente creemos necesario resaltar que la pornografía no es en sí misma el problema sino el uso patológico que se hace del estímulo. Cómo se relaciona con ella el individuo, el lugar que le da en su vida sexual y cómo determina sus creencias acerca de la sexualidad y el placer.