MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

Menu

columnas

Patricia Jodara

Lic. en Psicología. Se especializó en obesidad. Dirige el Centro Terapéutico Montevideo, método Dr. Ravenna desde hace 10 años. Coordina el Equipo multidisciplinario que lo conforma y coordina  grupos terapéuticos. Es  casada y tiene  dos hijos

Cómo volver a creer

Cuando la historia de la obesidad se hace larga en la vida de una persona, el recorrido puede ser sinuoso, con idas y vueltas, con caídas, empujones y vueltas a caminar. Cuando las caídas se repiten con frecuencia, lo que ocurre es la pérdida de confianza en uno mismo. Por eso, me atrevo a decir que se trata de volver a confiar; nada fácil cuando uno se siente un perdedor en este tema.

La persona se cansa de intentar, pierde autoestima, seguridad y esperanza. ¿Cómo se sale de este lugar?

Al decir de un paciente que recientemente llegó a su peso, luego de bajar 50 kilos: "la obesidad es un laberinto en el que se entra de espaldas". Y claro, nadie quiere entrar de espaldas a un laberinto y no es nada fácil salir de él. Es como si uno se hubiera metido sin querer y sin poder reconocer el terreno.

¿Cómo se vuelve a confiar en uno mismo? Sin duda, primero dejándome llevar, confiando en otro que sepa por dónde sacarme del laberinto.

Un ejercicio que hacemos con los pacientes es preguntarles cuánto confían en que van a llegar a su peso y cuánto esfuerzo están haciendo para lograrlo. La respuesta es que cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la confianza. Es decir que el que perdió la confianza, también abandonó el esfuerzo por lograr el objetivo.

Si la autoconfianza está quebrada, se necesita confiar en otro y si, además, ese otro confía en mí, me va devolviendo la autoconfianza de a poco.

Nosotros confiamos que todos los que se acercan pueden lograrlo simplemente aceptando las pautas que se les indican, pautas estudiadas y probadas. Y como siempre decimos: es absolutamente liberador seguir las instrucciones para salir del laberinto en el que se está atrapado.

Esto no significa ser un ente no pensante sino todo lo contrario. La energía sobrante del acto de comer, que ocupaba gran espacio de la vida de la persona, queda libre para pensar y ocuparse de lo que estaba tapado, cubierto, olvidado. De lo que se creía que ya no era para uno. Desde pequeñas a grandes cosas como un vestido, un deporte, un viaje, unas vacaciones en la playa o una decisión postergada.

El paciente no solo siente la confianza de la institución sino que también el trabajo en grupo le va mostrando los espejos en los que quiere verse reflejado y en los que no. El camino de los compañeros de ruta le revela lo que va a ir ocurriendo. Se trata, al decir de este paciente, de "un camino solitario, pero completamente acompañado". Se refiere a lo solitario, íntimo y privado del vínculo que cada uno tiene con la comida. Las decisiones las toma cada persona, pero sin olvidar las palabras, las historias y experiencias de cada uno de los integrantes del grupo que generan un compromiso que no se pudo lograr a solas.

La confianza se puede recuperar paso a paso, con trabajo y también con alegría. La alegría de elegirse, de elegir no solamente qué comer sino "qué persona quiero ser". Les proponemos a los pacientes encontrar la mejor versión de sí mismos, en la que un objeto —la comida— no sea el que gane las decisiones.

Agradezco a Beto Calvo que, con su testimonio, me ayudó a completar estas ideas.