MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

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Laura Antunez

Comunicación y RRPP. Haciendo lo que me gusta en la Armada Nacional. Millennial típica, Blogger de a ratos y twittera full time. Optimista por naturaleza. No como asado, chocolate ni maní. El uruguayo promedio se asombra cuando respondo un ¿cómo estás? con un ¡Excelente!

Ya nos va a tocar, Sofía

 

“Un hijo te cambia la vida”

Ya nos va a tocar, Sofía. 

Trabajar rodeada de madres cuando no sos madre, provoca a menudo no querer serlo. Suena fuerte, y hasta quizá un tanto egoísta, lo sé, pero el solo hecho de convivir laboralmente hablando, a diario con madres de niños pequeños y escuchar sus intercambios típicos de madres, le deja a uno reflotando en el aire si no sería mejor idea comprarse un perro. No sé si mejor, pero más barato seguro.

Mientras las escucho a ellas, hago en mi cabeza la ecuación plata/tiempo (cual meme con cara de desconcierto mientras rondan en su cabeza fórmulas matemáticas). Desde el momento que te embarazas estás gastando, (y engordando cual lechón para fin de año) cuando nace ni te digo, entre pañales, memas, ropa, coche, silla de comer, silla del auto y todos esos accesorios de bebé que ocupan un lugar bárbaro en tu casa, lo usas unos meses y después no sabes dónde ponerlos, si venderlos o guardarlos por si acaso llega el segundo, y seguir gastando, claro. A eso se suma las ojeras a causa de las pocas horas de sueño, vivir preocupado por si el niño respira, que no le pase nada, y andar por tu casa pateando juguetes hasta que sea adolescente, ya después las preocupaciones serán otras.

Traer un niño al mundo hace que todo ronde en función de esa personita, “no sos dueño de tu tiempo ni para bañarte” esto lo dijo una madre, que conste. Después toca elegir colegio y pagarlo, y más vale que no repita el gurí clavo. Organizar la logística de quién lo lleva y lo trae, qué va a hacer en las vacaciones etcétera. 

Todo eso y más para que crezcan un poco y ya no te necesiten, se crean independientes y no te den bola. Eso me pasa con mis ahijadas y solo tienen 7 y 11 años, ya no corren felices y sonrientes a los brazos de uno cuando lo ven, atinan a darte un beso insípido de esos que ni ruido hacen y te dicen:

- "hola
- HOLA ME DECIS?, YO TE CAMBIÉ LOS PAÑALES GUACHA Y NI BOLA ME DAS? VENI ACÁ Y DAME UN BESO COMO LA GENTE".

Nótese que elevé considerablemente mi tono de voz.

Si una madrina siente ese desapego imaginen una madre, que los parió ¿no? Pero bueno, las madres dicen que a pesar de todo eso ser madre es maravilloso, el trabajo más lindo que una puede tener.
Aún así, después de todo ese razonamiento, me acuerdo que me encantan los niños, los ajenos, claro. Que disfruté y sigo disfrutando de mis ahijadas en la medida que ellas me dan bola.

Yo no sé si Sofía hace todo ese razonamiento mientras las madres conversan, seguro no es tan calculadora como quien suscribe, yo la miro y le digo que ya nos va a tocar. Con Sofía somos las únicas solteras sin hijos de la oficina y por el momento nos queda un rato en esa condición.
“Los niños dan trabajo, pero las satisfacciones que te dan son tan hermosas que uno se olvida del resto”, dice Nati.

Y bueno, ya nos va a tocar, Sofía.