columnas

Carla Rivas

Productora Periodística, Canal 10. Autodeclarada: aficionada a las letras!

Por Impulso

Aquella tarde lo supe con certeza había tenido suerte, en una extraña mezcla de inconsciencia y casualidad que me ha acompañado en muchas instancias de mi vida,

iba a conocer a Eduardo Galeano.

Mientras caminaba rumbo a ese encuentro, una calurosa tarde de diciembre de 1996, agradecía la suerte que mi primera experiencia laboral, en aquella empresa de marketing y telemarketing me había brindado; fue gracias a una compañera de trabajo que conseguí su contacto, entre otras cosas, me contó que vivía en Malvín y que era vecina del escritor, supongo notó la emoción y la ansiedad que generó en mi ese dato y me pasó su teléfono, un número que aún guardo en la agenda de mi celular , porque después, la vida quiso que ese encuentro se repitiera en muchas oportunidades, para mi suerte.

Yo leía, leía mucho, en mi pueblo todo parecía lejano y a veces inalcanzable, eran otros tiempos, de teléfono fijo, sin Internet, sin celulares, la tecnología para nosotros era la televisión por cable, un adelanto que realmente nos permitía ver y escuchar sin tener que estar moviendo la antena constantemente.

Escribo esto y me estoy riendo, parece una anécdota de tiempos remotos, sobre todo últimamente y teniendo en cuenta los cambios que tantas generaciones hemos vivido, pero lo cierto es que no es tan lejana, al menos para mí.

Fue por medio de los libros que conocí la obra de Galeano y me identifiqué con sus textos, con su forma de decir las cosas, de ver el mundo, yo conocía poco del exilio, de las historias increíbles de nuestra América , de la explotación a la que fueron sometidos los países latinoamericanos, desde la colonización europea, de los saqueos ,de sus recursos naturales, en fin, ese mundo se abrió para mí, y yo soñé,

soñé con algún día poder cruzarme con ese hombre que me provocaba tanta admiración .

Esa pequeña que fui a veces se iba de mambo y proyectaba lejos, un tiempo más tarde, descubrí visitando un psicólogo, al que por cierto no vi muchas veces, que un tema importante en mi vida era ese, me cuesta madurar. Mi cabeza funciona en ocasiones como la de una niña, en un mundo dónde todo es posible y hasta lo improbable llega por causas misteriosas o fantásticas. Pero en la vida real es otra cosa, y esos sueños te juegan una mala pasada. No alcanzarlos significa una gran frustración; una sola no es problema, pero muchas de ellas te llevan a bordear zonas que pueden ser profundamente peligrosas.

Pero aquel encuentro se dio y fue el mismo día en que lo contacté. En pocas palabras le dije que perdonara la osadía, pero había tenido un impulso irrefrenable, él se rió y seguro adivino en mi tonada del interior lo que aquello significaba para mí , me citó para esa misma tarde en el café brasilero en la ciudad vieja. Por suerte hay testigos porque no fui sola, me acompañaron mis hermanos y unos amigos , con nuestros libros y lapiceras a cuestas llegamos unos minutos antes de lo pactado y lo vimos en una mesa charlando con otro chico .

Sin haberme visto nunca en su vida y supongo que sólo por la expresión de mi cara me mandó a decir por un mozo que lo esperáramos y tomáramos algo, recuerdo que hicimos cuentas, la verdad no teníamos mucho dinero aparte de los boletos, pero pedimos unos refrescos para compartir.

Cuando nos llamó, nos fuimos a su mesa, lo saludamos y nos quedamos como dos horas charlando, nos dibujó  sus chanchitos en servilletas, firmó libros  y cuadernos, nos mostró sus mini libretas que lo acompañaban a todos lados y donde escribía en cualquier momento y lugar, 

prometió volver a vernos ..... y así fue, lo vimos irse y lo despedimos con una sonrisa, 

no teníamos cámara de fotos, pero ese recuerdo seguro nunca se borrará de nuestras retinas, antes de irnos pedimos la cuenta, y para nuestra sorpresa estaba todo pago....

Después conocí a Benedetti, de una forma similar, y me invitó a la presentación de Andamios en librerías Barreiro, pero esa, esa es otra historia...