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Laura Antunez

Comunicación y RRPP. Haciendo lo que me gusta en la Armada Nacional. Millennial típica, Blogger de a ratos y twittera full time. Optimista por naturaleza. No como asado, chocolate ni maní. El uruguayo promedio se asombra cuando respondo un ¿cómo estás? con un ¡Excelente!

Juventud, divino tesoro

Allá por los primeros días de setiembre, me enteré de rebote cuando me disponía a ver el informativo que arrancaba la Rural del Prado.  Así como también me enteré cuando terminó, gracias a la banda de nuestro querido Ejército Nacional y su toque de la marcha de Tres Árboles que causó gracia a unos e indignación a otros. La edición de la Rural del Prado 2018 dio que hablar.

"La cuestión es que a raíz de esto, me hice una serie de cuestionamientos, es que caí en la cuenta de que crecí, por no decir que estoy vieja para ciertas cosas ya".

En mis años mozos, ya de un año para el otro tenía bien clarito la fecha de inicio y fin de tan loable acontecimiento que acerca el campo a la cuidad. Es que primero había que juntar plata, cuando sos un joven estudiante no te sobra y el Prado se caracterizará por muchas cosas, pero no por barato. Después organizar la agenda en base a esos días y a qué banda tocaría cada noche.

En aquellos años de juventud, hacíamos una cola de cuadras para entrar a plaza prado, muchas veces lloviendo, abonando una entrada carísima, pagando petrodólares adentro por algo para tomar, para ni siquiera poder bailar porque había 300 personas por metro cuadrado.

"Entonces, entre esa manada de gente intentabas meter un dos y uno ahí en el lugar"

aprovechando lo apretadito de las circunstancias, porque es verdad que estabas apretado sí, pero el ganado estaba bueno.  

El outfit era cuidadosamente elegido días antes, no importaba mucho si hacía frío o calor, importaba estar linda,  ya después en la montonera alguno siempre se encargaba de adornarte la camisa con un poco de cerveza.

Ya con las primeras luces del día y los ojos como un oso panda a causa del maquillaje corrido, salir de ahí con las botas tapadas de barro como si hubieras ido al galpón de las vacas, y el pelo duro entre la transpiración y algún poco de alcohol sin identificar.

"Y así, en ese estado deplorable llegabas a tu casa y caías dormido incluso antes de tocar la almohada".

Ahora, habiendo pasado los 30, eso de andar perdiendo tiempo haciendo cola para entrar a un lugar es cosa de veinteañeros, la montonera que antes se podía decir que disfrutaba,  ahora me molesta, en cuanto al outfit, primero le consulto la temperatura, la humedad y la probabilidad de lluvia a Accuweather (por horas) y de eso depende lo que elijo para ponerme, válido para cualquier ocasión. Ahora veo a las jovencitas de musculosa en invierno y me da frío ajeno.

"Después de que pasas los 30 ya no te da lo mismo llegar y acostarte con el maquillaje de hace horas"

y aunque estés muerta de cansancio te sacas el maquillaje y te pones crema en la cara.
Pasados los años, si te agarras una borrachera la resaca te dura tres días, depende el grado de alcohol en sangre. Eso de dormir un par de horas después de una salida ya no corre, ahora el tiempo de recuperación es más largo.

"Pasados los 30 se valoran más los fines de semana de buena comida, buen vino y Netflix".

El domingo llegué como a las 11 de la noche a Montevideo, después de un fin de semana en La Paloma, me subo al bus, y al lado para un auto lleno de chicos y chicas, de edad universitaria, iban con la música al mango y latas de cerveza en las manos, a las risas saludaban a todo el que pasaba, mientras el semáforo seguía en rojo, nadie les daba bola, también me saludaron a mí, que les devolví el saludo con una risa cómplice mientras pensaba, eso es juventud, que no te importe estar de joda un domingo a media noche, que no te preocupe cómo amaneces mañana, te tomas un café y seguís olímpico. Mientras yo iba bostezando rumbo a casa porque el lunes me esperaba con un montón de laburo.

¡Juventud, divino tesoro!