MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

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Loredana Morando Nannizzi

Gordita de alma, flaca de cuerpo. Constructora de su delgadez. Restauradora de su vida. Estado civil: en una relación complicada con la Arquitectura. Sus mejores amantes: la fotografía y el entrenamiento. Saliendo del clóset por la escritura. Fantasea todas las noches con viajar y volar.

“Dale, agarrá un espejo y animate”

A fines de septiembre del 2008 llegué a Barcelona y estaba decidido: los últimos meses de mi aventura por España iban a ser ahí.

Desde ese entonces sueño con volver a vivir en esa increíble ciudad que tanto admiro y añoro.

Muchísimo me cautivó de Barcelona, muchísimo me regaló y le aportó a mi crecimiento, pero hay algo que jamás había vuelto a sentir hasta hace un par de viernes, exactamente 10 años después, en mi primer Marcha de la Diversidad: esa sensación de libertad fascinante en el aire donde nadie le dedica medio segundo de mirada a lo que hace o deja de hacer el que está al lado, a menos que sea una mirada de amor o simpatía, simplemente para regalar una sonrisa de admiración o aprender algo.

Recuerdo el momento exacto en el que sentí eso en Barcelona: eran mis primeros viajes en metro, solita con 21 años en una ciudad tan grande y fascinante... ¡no me daban los ojos para admirar tanto mundo de golpe! Y de repente, esperando la línea azul para ir a quién sabe dónde, veo a un chico, con el típico peinado mohicano punk con el pelo teñido también de azul y no se por qué exactamente en ese momento a mí se me dio por mirar cómo lo miraban los demás, no me sorprendió él, me sorprendió y fascinó que NADIE se daba vuelta a mirarlo.

NADIE susurró al oído algo a quien tenía al lado.

NADIE lo señaló con el dedo. NADIE lo miró con cara de desprecio o asombro. NADIE, absolutamente NADIE hizo o dijo NADA, absolutamente NADA. Y realmente creo que en ese instante me enamoré de la ciudad que me estaba abriendo los ojos a otras posibilidades.
Diez años después, sigo soñando con que algún día eso suceda en nuestras calles a diario. Por ahora viene siendo una vez al año, el último viernes de septiembre, pero me gusta fantasear con que quizás en 10 años más la Marcha de la Diversidad sea solo un festejo para conmemorar la lucha de estos días, y no un evento puntual al año donde todos nos sentimos libres celebrando lo hermoso que es convivir con respeto y amor. Se siente liviano, créanme. Imagino que así debe de ser caminar por las nubes.

Trabajemos para que esto sea algo de la diaria y no algo anual.

Y no se trata de ir por la calle haciendo el esfuerzo por no mirar al otro, se trata de mirarlos y sonreír. Y la fórmula para esto es muy sencilla, solo que da demasiado trabajo, por eso no todos están dispuestos: Se trata de mirarte a vos mismo. De hacerte cargo de vos, de tus ángeles y tus demonios, juzgándote con amor a vos y haciendo todo lo posible para re diseñar lo que no te gusta y seguir creciendo y evolucionando junto a lo que si te gusta.

Mirate a vos y empezá tu lucha, no la postergues más, no pierdas el tiempo juzgando al de al lado, ganalo contigo mismo. Porque fijar la mirada en el otro es la excusa perfecta para no fijarla en vos. Es más fácil, es más rápido. Y así, te juro, que se te pasa la vida.

Así se me pasaron 28 años sin darme cuenta. Mirando hacia afuera porque no me podía mirar a mi. Miraba lo que opinaban de mi y vivía a través de eso, era incapaz de crear mi propio juicio constructivo. Hace unos días cumplí 32 años de vida en total, pero en unos días festejo 4 años de nueva vida, porque mirándome me siento mas viva que nunca y así ha sido en los últimos 4 años. Y créanme que amo esos 28 años de auto-ceguera, por mas que deben de pensar que habrán sido una mierda, pero no, porque esos 28 años de supervivencia me regalaron muchísimo y son los responsables de estos 4 años de vida plena y me seguirán regalando todos los que me restan. Y cómo no se si son muchos o pocos, solo me resta darle duro a la construcción de mi propia paz.

Y a través de esto que viví me atrevo a prometerte que es así como podes ir por la calle mirando a los demás con amor y en paz,

cuando entendes que todos tenemos nuestras hermosas y difíciles historias que nos hacen ser quienes somos hoy y ya con eso es suficiente: porque estamos vivos, sobrevivimos todos estos años y acá estamos, caminando por la calle, cada uno con su mochilita. Y alcanza con que cada uno cargue con la suya, llena de lindas y feas historias que nos inundan de aprendizaje y vida, no sumes más peso a la mochilita del de al lado con tus miradas, opiniones, gestos o palabras llenas de juicio. Hacela más liviana regalándole sonrisas, aunque no te las devuelva, no te importa, porque estás colaborando con la liviandad de tu mochilita también.

Que se vista cómo se le dé la gana, que se peine como quiera.

Que viaje a donde se le cante, que trabaje donde pueda o quiera. Si se quiere casar que se case, si quiere vivir solo que lo haga. Que ame a quien quiera, que se acueste con quien se le de la gana. Que publique lo que le pinte en sus redes sociales o que no las use. Que coma lo que elija, que no estudie si quiere. Que vote a fulano, que crea en mengano. Que haga con su cuerpo y su vida lo que decida, no lo que a vos te parezca que está bien o está mal. Que aborte si quiere, o que siga adelante luchándola como se le dé la gana. Que se tatúe, que mire la tele o que elija no tenerla. Que viva con o sin internet, en casa, carpa, apartamento o en el mundo mismo. Que viva cómo pueda y elija, que se preocupe por lo que le pinte, que la luche como pueda. Solo acompañalo. Cada uno decide sobre cada uno.

No insistas más. No pierdas el tiempo. No rompas mas hablando u ocupándote de los demás, por favor.

Opiná de vos constructivamente, amate y querete, no pierdas tiempo mirando con cara rara,
no pierdas el tiempo señalando, criticando, juzgando, mirando raro y sentenciando, porque cada vez que lo haces estás demostrando tu incapacidad de autocrítica, cada vez que mires hacia afuera y pierdas tiempo haciendo de juez de otros estás hablando de la falta de paz contigo mismo. Porque cuando la estás construyendo tu único objetivo sos vos y entendes que así como vos luchas con tu propia vida los demás también lo están haciendo con la suya y no necesitan de tu opinión y vos no necesitas opinar de ellos, ni que ellos opinen de vos, sino simplemente ambos necesitan SONREIRSE CON AMOR, porque bastante tienen consigo mismos, solo necesitas recibir una sonrisa y bueno, el de al lado también.

Quizás en diez años Montevideo me enamore como me enamoró Barcelona aquel día. Yo voy a seguir trabajando para eso mirándome a mi misma cada día para poder sonreírle a los demás.

¿Me acompañas y te acompaño?