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Natalia Moris

Licenciada en Comunicación. Licenciada en Psicología. Hago lo que amo y Amo lo que hago. Tengo 20 años de publicidad encima y cada día adhiero más al "sólo sé que no sé nada". Mis mayores tesoros: mis afectos. En la cima: Mateo y Cami.

Tic Tac

Hola! Para esta columna me pidieron que tratara de relacionar el tema de ser mujer y la publicidad. Me costó encontrar algún tema estrictamente femenino y me parece que es un punto en positivo para nuestra profesión ya que, aparentemente, los temas de preocupación son más democráticos y menos teñidos de sexismo. De lo que voy a escribir no creo que sea un tema puramente femenino, ni puramente publicitario pero me parece que es el que se adapta mejor a la consigna.

Ojalá haya aún suficientes lectores analógicos o "mixtos" como para inferir a partir del título, sobre qué tema elegí escribir. Si, sobre los relojes, pero no tanto o no sólo de los que tenemos en la muñeca, en el celu, en el auto o en cualquier otro dispositivo. Tampoco del reloj biológico que vaya si es femenino y también merecería otra columna. Quería hablar de lo que hay detrás de esas agujas o numeritos; del tiempo.

La publicidad ha tenido siempre, límites temporales muy laxos: rodajes que duran una madrugada entera, licitaciones que nos hacen quedarnos sin dormir, eventos que desbordan el horario de oficina del simple mortal. Cuando alguna de mis amigas que no pertenecen al mundo de la publicidad, se enteran que un martes a las 21 hs tengo que ir a tal o cual evento, me dicen "qué bueno!". Y la verdad que está muy bueno, si no fuera porque mi reloj comenzó a hacer sonar su alarma de "ya es hora de volver a casa", hace 3 horas. Y ese reloj empezó a sonar el día que construí una familia y que al salir de casa sabía que alguien, a mi regreso iba a  estar esperándome. Por supuesto potenciadisimo por la maternidad. A partir del momento en que somos mamás, la alarma quintuplica su volumen y no tiene botón de OFF!

No estoy pensando en horas extras trabajadas ni nada de eso. Ni de circunstancias excepcionales que todas las profesiones tienen. Estoy pensando en el tironeo emocional en que nos embarcamos constantemente las mujeres cuando sentimos que a pesar de estar en un lado, deberíamos/querríamos estar en el otro. Los momentos laborales estén a la hora que estén, si amamos lo que hacemos (creo que allí nos encontramos la amplísima mayoría de las publicitarias), tienen que ser momentos de disfrute, de oportunidades, de networking, de desafíos, no de culpa de "¿llegaré a buscarlos al club?", de "me ubico cerca de la puerta por si tengo que salir corriendo". Tenemos que darnos el permiso de disfrutar de las cosas hermosas y exclusivas a veces, que nos da la condición de mujeres y publicitarias.  

Tal vez implícitamente, tal vez explícitamente, las mujeres (y no sólo las mujeres) publicitarias, debemos de haber dado algunas señales de lo que nos estaba pasando, o tal vez simplemente se fueron sucediendo ajustes propios de la dinámica de la profesión que han hecho que empiecen a verse cambios que recibimos con muchísima alegría y que están relacionados con una mayor alineación a nuestras demandas internas y externas. De a poco ciertos "esto se hizo siempre así" comienzan a transformarse en "hagámoslo de otro modo".

Y de a poquito ya no es imprescindible rodar de madrugada, y de a poquito las licitaciones se llegan a presentar en tiempo y forma sin haber dejado de ir a casa la noche anterior, y los eventos nocturnos se transforman en desayunos, en almuerzos o en encuentros "after office", no por eso menos atractivos e interesantes.

Y las alarmas ya no suenan tanto, y las zonas de la puerta quedan más libres y las sonrisas son más genuinas y el ser mujer en publicidad se disfruta mucho, muchísimo más.