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Luciana Lasus

Licenciada en Nutrición. Convencida de que educar en nutrición es una habilidad distintiva, reparte su tiempo laboral entre la participación permanente en medios y su empresa marketing de alimentos.

Comer en mudanza

Embalar, empacar y ubicar todo en un nuevo lugar no es el único trabajo detrás de una mudanza. Volver a acomodar la rutina, recalcular las distancias, aprender a reconocer los nuevos ruidos y, a veces, acostumbrarse a una nueva vida son aspectos que también hacen al cambio de casa. Son detalles que, según los expertos en psicología, provocan un fuerte desgaste para las personas.

Al armar cajas, uno se encuentra con objetos que tenía olvidados, algunos con una carga afectiva importante. Pero en medio de la nostalgia, uno debe estar atento a cientos de obligaciones tales como cambiar la dirección a la que llegan las cuentas, contratar y cancelar servicios y un largo etcétera.

Hace 14 años que no me mudaba y me había olvidado lo que una mudanza implicaba. Entre todo el movimiento real e interno de mudarme, tuve tiempo para pensar antes, durante y después en la comida. Sí, no podrán creerlo pero mientras hacía el cambio de casa prestaba atención a diferentes aspectos que escribía en mi "to do list" mental para escribir esta columna.

El tema arranca desde que empezás a embalar las cosas, especialmente cuando llegás a la cocina y te quedás sin ollas y platos. En ese instante, comenzás a valorar objetos que son absolutamente anónimos en ciertos momentos y que pasan a ser necesarios cuando están en la caja titulada: "Cocina 2, Frágil".

Por lo dicho, el primer consejo que tengo para darles es dejar las cosas de la cocina para guardar de último. Y el segundo consejo consiste en tener a mano un básico de cada rubro hasta el final: una olla, un sartén, una espumadera (la pasta siempre salva y fue difícil juntarla con tenedor) cubiertos, vasos y platos, aunque para el último día en la casa y el primero en la nueva, los descartables fueron una idea genial.

Y como tercer punto, dejar  platitos, vasos y servilletas que no se lavan por esos dos días.

Ojo que el mate, café y té requieren sus implementos no descartables y por otra parte son indispensables durante la maratón. En vez de tuppers, usá bolsas tipo ziploc que permiten descartar en lugar de lavar. No sobra ni el tiempo ni la energía así que te serán de ayuda.  

Ahora bien, ¿qué comemos? Es inevitable recurrir al delivery, el punto es la frecuencia y acumulación de pedidos ya que no son menos de 15 días de desorden y la comida no escapa al caos. Dos semanas para salir de una casa e instalarte en otra y volver a cocinar y organizar el freezer, implementar la lista de compras y un menú, como siempre insisto que hagamos.

Los platos básicos son: pasta, arroz, alguna salsa de tomates, verduras cortadas y listas para armar una ensalada, dejando el aceite a mano, sopa (que quizás tenías en el freezer que además hay que vaciar para limpiar y apagar por unas cuantas horas) y sino una sopa instantánea también es de ayuda. Sandwiches, con huevo, carnes y alguna verdura de la bolsa de la ensalada son útiles. Es indispensable ir combinando el desorden con algún vestigio de alimentación más sana y liviana porque sino además del cansancio de la mudanza, se te complica el estómago.

Pan, leche, yogur, queso en fetas, huevos duros, tomates cherry, te solucionan un almuerzo entre caja y caja. El agua en bidón es clave antes, durante y después de la mudanza, a pesar de que puede haber alguna otra bebida amiga que acompañe.

Es bueno tener también frutas, básicas y simples, para comer con la mano y sin trabajo. Las manzanas, bananas y quizás mandarinas son buenas alternativas. Y si en casa somos dulceros, algún postre lácteo o helado puede ser una buena compañía.

Otro buen tip es olvidar los packs familiares por unos días y recurrir a las presentaciones individuales de casi todo: yogures, jugos, bebidas y postres porque 2 litros de helado seguramente terminen sobrando, en cambio si tenemos porciones individuales de diferentes cosas, es más fácil complacer a todos sin desperdiciar comida.

Si hay niños en la casa, esas son las semanas para recurrir al comedor del cole o incluso, tomarse un descanso entre caja y cajón para salir a comer con ellos en el horario de almuerzo y así evitar la vianda.

Y cuando se pide delivery que en general es de pizza, chivitos o parrilla (es difícil conciliar los gustos y por otra parte conseguir buena calidad en otros rubros), puede estar bueno evitar combinaciones muy pesadas como salsas, picantes o frituras porque la sumatoria de varios días de comida pedida afuera combinada con la emoción y el cansancio quizás no sea la mejor!

El día de la mudanza, los amigos y la familia te preguntarán en qué pueden ayudarte y es difícil saber qué decirles, salvo que por ejemplo puedan prestarte un medio de transporte. Lo mejor que podés hacer es pedirles que te traigan bebidas frescas y calientes, que te alcancen el almuerzo y quizás que te hagan las compras básicas del súper para la nueva casa (leche, pan, agua, fruta y yogur).

Y esa primer noche, entre cajas y cajones, seguramente vuelvas a recurrir al delivery, para el cual la caja de último momento será un cofre de un tesoro en la isla desierta. Rescatá los vasos descartables que sobraron y date el gusto con una comida que te reconforte el alma.

Al otro día, todo se vuelve a acomodar, de a poco pero más rápido de lo que te llevó embalar. ¡Ese fue un dato que felizmente pude comprobar!