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Vivir sin miedo

Este ocho de marzo nos encuentra tristes, preocupadas, alarmadas. Queríamos conmemorar avances, logros, conquistas. Pero lo cierto es que estamos en estado de alerta. La muerte de doce mujeres en lo que va del año, es la marca oscura que llevamos en el corazón, este ocho de marzo.

Hoy, en nuestro día, reafirmemos el principio más elemental y básico. Vivir sin miedo.

Queremos vivir sin miedo.

Queremos vivir sin miedo a morir, sin miedo a ser obligadas a hacer lo que no queremos, sin miedo a tener que obedecer las órdenes arbitrarias de cualquiera, sin miedo a decir lo que pensamos, sin miedo a desear lo que deseamos. Este ocho de marzo reafirmemos el principio más elemental de la dignidad humana: queremos ser libres e iguales. Y no hay libertad con miedo. El miedo condiciona, atrapa, restringe, limita.

Este ocho de marzo, queremos que la "estrategia por la vida y la convivencia" ponga el tema de la seguridad de la vida de las mujeres como central. Queremos que se defienda más la vida que la propiedad. Queremos que la sociedad uruguaya entienda que la violencia nos compromete a todos, y que la inseguridad de las mujeres no es el problema de unos "menores infractores" o unos "delincuentes". Que la violencia contra las mujeres es un asunto público de la mayor gravedad. Que a las mujeres no las matan "esos delincuentes" sino sus propios compañeros. Y que eso exige pensar la seguridad pública de una manera distinta a la de "ladrones y policías". 

La violencia de género nos interpela a todos. La violencia de género nos dice: hay algo que está muy mal en esta sociedad humana.

Este ocho de marzo, queremos que la sociedad entienda que las "cosas de las mujeres" no son sólo de mujeres, sino de todos. Que la mitad de la población humana es un asunto muy serio, y no puede ser tratada como una "minoría" especial. Que no hay proyecto de mundo posible sin la participación en paridad de las mujeres en todos los campos de la vida humana. Y que estamos muy lejos de esto. La política, el poder y el control económico, siguen en manos de los hombres.

Este ocho de marzo queremos vivir sin miedo de perder lo que tenemos si elegimos dar la cara y la lucha por nuestros derechos. Queremos vivir sin miedo a decir lo que pensamos, a elegir el trabajo y la profesión que queramos, y a vivir con quien queramos.

Este ocho de marzo estamos luchando por consolidar lo que hemos conseguido. Hemos conseguido despenalizar el aborto, pero aún hay mujeres con miedo de tomar decisiones libre y conscientemente por su cuerpo, porque sienten que su cuerpo, ay!, le pertenece a otros. Y aún hay lugares del país donde se vuelve virtualmente imposible recurrir a los servicios de salud porque los médicos practican una objeción de conciencia generalizada. Este ocho de marzo luchamos por el derecho a tener una vida sexual libre, placentera, segura, feliz.

Este ocho de marzo festejamos el haber conseguido sacar una ley de cuotas que obligó a partidos y candidatos a abrirle paso a muchas mujeres. Algunas de ellas hoy se animan a decir: "sí, yo entré por la ley de cuotas. Me lo merecía, claro, pero sin ley no hubiera entrado".

Este ocho de marzo queremos perder el miedo y la vergüenza de decir que estamos allí  por esa ley, pero que también lo merecemos, como cualquier hombre, como cualquier candidato que jamás, como una mujer, se pregunta si "se lo merece". Este ocho de marzo queremos vencer el miedo y la vergüenza de decir: "sí queremos. Queremos poder y protagonismo. Queremos que sea nuestra voz la que se escuche, y nuestra cara la que se vea. Queremos andar con nuestros propios pies, y no con las botas de ningún jefe".


Este ocho de marzo conmemoramos el haber conseguido priorizar como política un Sistema Nacional de Cuidados que supondrá el compartir tareas que hasta ahora, las hacíamos solas, o con otras mujeres. Celebramos que el Estado vuelva a ser "el escudo de los débiles", pero que entienda, que en todo tiempo y lugar, las mujeres son la mitad más vulnerable de la población.

Este ocho de marzo sin embargo, esto recién empieza. Porque queremos que los hombres también cuiden. Porque queremos paridad no sólo en el poder y la representación, sino en la responsabilidad de la vida cotidiana; en todos esos actos domésticos minúsculos, rutinarios, sin los cuales la vida no existe, pero tan faltos de prestigio y popularidad que se los relega al oscuro lugar de aquello de lo que no vale la pena hablar, ni vale la pena pagar o recompensar.  

Este ocho de marzo celebramos que haya más mujeres en el Parlamento, que haya más mujeres en el gabinete. Y que hayamos avanzado. Pero no nos alcanza. Todavía no llegamos ni a la quinta parte del Parlamento, estamos debajo del promedio mundial y de América Latina. Vemos las presidentas argentina, chilena, brasileña, y nos contentamos con alborozo del puñadito de mujeres que intentan por lo menos, ser candidatas a intendentas. Este ocho de marzo, queremos ir por la paridad. Ir más allá de la cuota que asegura y no conforma.

Paridad: queremos ser algo más que la mitad del cielo, queremos la mitad de la tierra y sus frutos. Queremos la mitad del sartén. Y la mitad del mango también.

Este ocho de marzo reafirmamos nuestro derecho a vivir sin miedo. Luchamos por la igualdad, pero no hay igualdad sin libertad. Mientras sigamos viviendo con miedo, no seremos libres. Luchamos por igualdad y libertad. Como desde el principio. Como desde siempre.