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Alejandra Miranda

Estudié relaciones internacionales y soy analista de medios. Me apasiona escuchar y entender lo que mueve a las personas a actuar de una forma y no de otra. Trabajo en Initiative, agencia de medios y comunicación. Docente de Redes Sociales en ORT. Soy una persona feliz.

Relaciones y tecnología. ¿Lo de antes era mejor?

No podemos negar que el mundo late y respira al ritmo de la tecnología. El desarrollo tecnológico ha provocado cambios en múltiples niveles relacionales: organizacional, empresarial y de usuarios. A nivel individual, el cambio  tecnológico atraviesa nuestro hacer en un sinfín de facetas y actividades.

Cosas que hace algunos años nos parecían casi de ciencia ficción, hoy hacen parte de nuestras vidas y las tomamos como si siempre hubieran estado ahí. ¿O acaso hace 20 años atrás pensábamos que podríamos conectarnos a internet sin cable y más aún, hacerlo desde fuera de nuestros hogares, con una computadora portátil y desde una plaza?

Lo  mismo nos pasa hoy cuando vemos los desarrollos tecnológicos que se cocinan para un futuro no tan lejano. Hoy a algunos les puede parecer inverosímil que la heladera nos avise de la fecha de caducidad de los alimentos, o que el inodoro analice nuestra orina y nos recomiende la dieta más adecuada.  ¿Loco? tal vez… ¿posible? sin lugar a dudas!

A medida que vamos adoptando y adaptando lo nuevo, en algún momento se vuelve necesario y hasta  imprescindible. Así, en muchos aspectos nos volvimos “tecnoadictos”, 99% dependientes de ese pequeño aparato  que para muchos de nosotros es una herramienta imprescindible para desarrollar nuestras tareas profesionales.  

¿Qué hacemos si en la oficina se cae el sistema? Literalmente nos paralizamos y no sabemos qué hacer o como seguir. Básicamente no podemos hacer nada, o muy poco en el mejor de los casos. Toda la información que precisamos ésta o es accesible desde la PC (servidores, mail, web, discos externos).  

Gracias a la tecnología las distancias se han acortado. No importa que un océano me separé de mi padre, o, que ese seminario tan interesante se dicte a 5,000 km de distancia. El “send” del mail, el “new message” de Facebook, el realizar “videollamada”  de Skype o “conectarse” a un webinar, nos permiten ver, escuchar, hablar, preguntar, compartir y aprender casi como que estuviéramos en ese otro lugar.

 

La tecnología también ha impactado de lleno en mi  profesión de publicista, generando cambios gigantes  a lo largo de éstos 20 años. Ha simplificado procesos, facilitado acceso a más y mejor información, reducido tiempos, mejorado la forma de mostrar y compartir lo que hacemos. En definitiva  nos ha dado más herramientas para la toma de decisiones.

Claro que como contrapartida, la complejidad y multiplicidad de todas las plataformas digitales y tecnológicas, nos exigen mayores conocimientos y capacidades.

Antes cuando te preguntaban  “¿a que te dedicas?” y uno decía “soy publicista”, más o menos sabía, o creía saber - ¡los mitos y fantasías siempre fueron muchos!- cómo te ganabas la vida.

Hoy la profesión de comunicador se ha complejizado y especializado bastante más. Por efecto de la explosión tecnológica iniciada con la aparición de internet, han surgido una miríada de especialidades profesionales de nombres diversos, algunos muy cool y sin traducción al español, desconocidos y difíciles de explicar para quien no está vinculado a nuestra industria. Están los  community managers, los especialistas SEM, los analistas digitales, los planificadores, los especialistas en communication planning, los connections managers, los blogueros…. Y la lista podría continuar y continuar.

Actualmente quienes nos responsabilizamos por gestionar y optimizar el presupuesto publicitario de nuestros clientes contamos con una serie de  herramientas  que nos ayudan a cumplir en forma eficiente con éste desafío.

Sin embargo, hace algunos años, las cosas eran bastante menos sofisticadas y más … manuales. La información era poca y las herramientas limitadas. Si debíamos definir los programas de TV donde saldría el mensaje de nuestra marca (pauta publicitaria), nos sentábamos ante una planilla de excel impresa con un listado de rating en una mano y una calculadora en la otra.

Esto era todo. Marcábamos con una cruz los programas seleccionados del listado. Sumábamos la audiencia posible de alcanzar para dimensionar el impacto de nuestro mensaje. Calculábamos la inversión implicada (en base a la duración de los comerciales y el costo del segundo negociado para dicho cliente y canal) y aplicábamos un par de fórmulas adicionales para proyectar algunos indicadores complementarios.

Cuando entendíamos que el ejercicio respondía a las consignas presupuestales y de impacto solicitado, pasábamos en limpio ese calendario y se lo enviábamos al cliente para su aprobación. Job done!

El procedimiento se volvía más complejo cuando el número de comerciales era más amplio, tenían duraciones distintas y debíamos cumplir con alguna consigna adicional.

Cuando en charla con compañeros que son “nativos digitales”, comparto éstas experiencias  profesionales, no pueden más que sorprenderse, reírse y seguramente pensar – aunque se abstienen de decirlo - “está mujer es un dinosaurio”.

Y es que a la luz de los recursos actuales creo que realmente lo soy! Me pregunto ¿cómo podríamos hoy planificar medios como internet, analizar los resultados y su contribución a la comunicación y al negocio de cada cliente, si no contáramos con herramientas adecuadas para nadar entre su diversidad de plataformas, multiplicidad de formatos y recursos mágicos a nivel de diseño?

La tecnología ha venido a revolucionar nuestras vidas, cambiándolas para siempre.
La semana pasada mientras compartíamos el almuerzo en el comedor de mi oficina, un colega abrió éste debate al preguntar, “¿ustedes piensan que lo de ahora es mejor?”.

No sé qué piensan ustedes, pero estoy segura que en varias ocasiones también han reflexionado y debatido sobre éste tema. Para mí no hay una respuesta absoluta. En general, estoy convencida que  en la mayor parte de las facetas de la vida y actividad humana, la tecnología ha traído mejoras a nuestras vidas, nos ha permitido ganar información, hacer mejor uso del tiempo, acceder a nuevas posibilidades, y sobre todo, ha acortado distancias. En muchos aspectos nos ha hecho la vida más simple y más disfrutable.

El único aspecto que me preocupa es cuando siento que abusamos de la tecnología  y malgastamos tiempo o descuidamos relaciones. ¿Cómo? sustituyendo una llamada a un amigo por un rato de chat en una red social, o cuando intercambiamos más de 20 mensajes a la semana con un cliente pero hace más de un mes que no compartimos una reunión con un café de por medio; o cuando dos compañeros intercambian largas misivas electrónicas para manifestarse sus diferencias, pero ninguno toma la iniciativa de levantarse de su silla y buscar personalmente al otro para clarificar sus opiniones y construir una mejor solución juntos.

 

Este es el mensaje que intento trasmitir a mis alumnos. Las tecnologías son una herramienta, un facilitador de nuestras relaciones y de nuestras vidas.  La tecnología  cambia a velocidades que en general nos cuesta seguir  – aunque seas un especialista -  se transforma y evoluciona constantemente;  lo realmente importante es que la tecnología nos permite conectarnos con otras personas.

No obstante me gusta recordarme, que mis relaciones necesitan alimentarse del contacto y la interacción personal. Por eso cada día cuando empiezo mi jornada me planteo el desafío de sustituir un par de mails por una llamada o una pequeña charla personal. El esfuerzo es mínimo pero la recompensa emocional suele ser muy grande.