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Jaime Clara

Periodista en NSTV, "Sábado Sarandi","Al pan pan" y "Hora de Cierre" en radio SARANDI

Todos los días un día

La celebración del Día Internacional de la Mujer es una celebración justa. El valor simbólico que tiene el 8 de marzo, por el de 1908 es muy fuerte. Este día recuerda a mujeres obreras que, desde el cambio de siglo venían incorporándose a los sistemas de producción industrial, cargados de injusticias y explotaciones.

Aquellas obreras de Nueva York salieron a la calle a reclamar por sus derechos bajo la consigna ¡Pan y rosas! Aquellas manifestaciones eran reprimidas sistemáticamente por la policía. Un grupo de ellas, murió calcinado en la fábrica textil donde trabajaba encerrado en condiciones inhumanas.

En 1910, un congreso internacional de mujeres, encabezado por la alemana Clara Zetkin propuso, al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en recuerdo a aquellas víctimas de la explotación.

Pero vale la pena recordar que la explotación corría pareja para hombres y mujeres. Ya en 1877 las manifestaciones en Estados Unidos en protesta por la sumisión-y por qué no esclavitud- de los trabajadores, eran reprimidas duramente. El Día de los trabajadores, 1° de mayo, tiene su origen, precisamente, en los trágicos acontecimientos de 1886 que provocaron la muerte de los Mártires de Chicago.

Estas referencias históricas pretenden, simplemente, recordar que en estas fechas, se reviven -decenas de años después- como heridas todavía abiertas, situaciones de injusticia.

Claro está, mucho se avanzó en este tiempo. Las condiciones de trabajo no son las mismas y los reclamos pasan por otros aspectos. Pero no por eso hay que bajar los brazos. Hay que seguir machacando, todos los días, por mejores y más justas condiciones de vida, de hombres y de mujeres. Hay que seguir denunciando situaciones de explotación que suceden en el mundo. Las noticias que llegan sobre trabajo infantil, o indignas condiciones de trabajo y explotación de mano de obra barata demuestran que queda mucho por hacer.

No se deben banalizar las fechas. Hay que potenciarlas. No hay que quedarse con un solo día, ni mirar el mundo a través de un sólo cristal. No hay que aprovecharse de momentos trágicos de la historia y de la institucionalización de días de reivindicaciones para promover corporativismos. Modestamente intento, los 8 de marzo, como los 1° de mayo y cada día con el trabajo, desde el lugar que tengo, promover acciones para lograr una sociedad más justa, equitativa y ecuánime. Son las acciones, y no lo discursos, los que permitirán llegar a buen puerto.