MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

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Martín Avdolov

Director Creativo en proyectos audiovisuales. Docente universitario. Locutor. Melómano. Escritor. Hincha de Defensor Sporting. Y lo más importante: padre de Santi.

A las mujeres del futuro

Tengo una valija que cargo desde hace 40 años. Al principio estaba casi vacía, por lo que podía moverme rápido y con gran facilidad. Pero con el tiempo la valija se fue llenando de recuerdos, de consejos, de observaciones, de reflexiones, de prejuicios y de muchas otras cosas que hicieron que fuera ganando peso a medida que pasaban los años.

Ahí estaba la convivencia que tuve con mi bisabuela, mi abuela, mi madre y mi hermana. Las primeras frases que me dijeron en la escuela cuando quería jugar al elástico y me miraron raro porque era un “juego de nenas”. Mi primera novia. Mi primera esposa. Mis amigas. Y todo lo que ya sabemos que pasa y hemos escuchado de la discriminación y violencia hacia la mujer, del mundo machista, y las cientos de miles de notas, películas, discursos, reivindicaciones, actos y noticias.

Así la valija se fue llenando cada día más.

Con el tiempo logré desprenderme de algunas cosas, y moverme de un lado al otro me fue mucho más liviano. Pero a veces el peso vuelve y me confundo, porque no sé cómo actuar ante determinadas situaciones que ponen en duda todas las convicciones con las que me fui formando desde pequeño. La mayoría de ellas confío en que son buenas, sanas y contemplan y respetan a las mujeres en todas sus manifestaciones. Pero reconozco que no estoy liberado de todo machismo. Porque es algo que lleva mucho tiempo en mi valija, y también en la de la mayoría de los hombres que conozco.

Pero entonces los veo a ellos. A mi hijo que acaba de entrar a primero de escuela y a sus amigos y amigas. Los veo con esas valijas casi vacías y me siento esperanzado. Creo que tenemos una buena oportunidad ahí. Quizás podamos advertirles a tiempo que no dejen que las llenen de prejuicios y discriminación.

La veo a Emilia que es la primera en tirarse al piso cuando se rompe la piñata y llenar la bolsita con su tesoro de golosinas sin importarle si se le manchó el vestido o terminó toda despeinada.

La miro a Juana que juega con los autitos. A Valentina que comparte con otro niño un juego de zombies en el iPad. Está Guadalupe que se mete a prepo en el partido de fútbol. Los varones la quieren sacar pero ella no se va y se queda jugando como uno más.

Y siento que está en nosotros, los adultos, los padres, las madres, los hermanos mayores, los comunicadores, los publicistas, los educadores, en no dejar que esas valijas se vuelvan pesadas con el paso de los años. Porque el mundo que se viene va a ser más vertiginoso, el cambio va a ser aún mayor, las convicciones y creencias van a estar permanentemente en juego y si no hacemos algo ahora, mañana puede ser muy tarde.

Quizás así en el futuro las mujeres no necesiten un día para reivindicar sus derechos. Quizás las niñas de hoy puedan vivir en igualdad, sin violencia, discriminación ni abusos de ningún tipo.

Espero que si Guadalupe no se quiere casar antes de los 30, o de los 40, o de los 50, nadie piense que está cometiendo un error.

O que si Valentina y Juana se van de mochileras a cualquier rincón del mundo, puedan irse tranquilas y seguras, sin ser juzgadas ni siquiera en la peor de las desgracias.

Espero también que si Emilia quiere tener 100 amantes, lo pueda hacer sin que le digan que es una “puta” sólo porque disfruta de su sexualidad.

Hay muchísimas cosas que espero de la generación de mi hijo. Está en nosotros darles las herramientas para que sean felices y elijan el camino que quieran.

Y a ellas, a esas pequeñas niñas que bailan sin pudor, que sonríen y se divierten haciendo lo que les gusta, les deseo que nunca dejen de hacerlo y que puedan conquistar el mundo. Bueno, en realidad, que puedan hacer algo mucho más relevante que conquistar el mundo, que logren conquistar su propio mundo.