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Laura Corvalán Maclean 

Diagnóstico de espectro autista: asperger. Backpacker experta. Trotamundos Senior. Buzo Profesional. Educadora nata. Comunicadora por elección. Periodista de alma. Escritora édita. SocialMedia de la 1a ola. Madre de Juancho 24x7 y soy del Río de la Plata, 100% mezcla.

Somos pocos pero los mejores: community managers

Hace días que pienso en el egoísmo. Egoísmo viene del latín (para algo sirven cuatro años de lenguas muertas en el profesorado, ¿vieron?) ego 'yo' e -ismo. Y la Real Academia Española lo define como un excesivo amor a sí mismo que hace atender desmedidamente al propio interés sin cuidar el de los demás.

Nacemos siendo bastante egoístas, nos interesa la satisfacción de nuestras necesidades por encima de todo. La familia, las amistades nos educan para abandonar un poco esto. Cuando partimos un chocolate para darle a nuestro hermano o le dejamos un rato nuestro juguete favorito a un amigo, aprendemos generosidad, desprendimiento. El concepto opuesto al egoísmo es el altruismo. El altruismo consiste en buscar el bien ajeno antes que el propio.

Ser madre te enseña altruismo de frente y sin freno (iba a poner que como trompada voladora pero me contuve), ya no somos el ser más importante de la tierra, es el otro y daríamos todo por ese otro. A veces eso también lo enseña el amor pero a veces no, a veces los hijos son el primer enorme aprendizaje.

Ayer fue el día del periodista en Argentina, donde estudié, una profesión con una enorme cantidad de ego por metro cuadrado. Pero los prohombres del periodismo afirmaban que ser periodista significaba ponerse en el lugar del otro y también ser el otro. En el periodismo actual cada vez parece más difícil ponerse en ese lugar. ¿Vieron esa especie supra-humana de periodista que habla más que su entrevistado? Hay un pilón de esos...

Por eso elegí otro rumbo, por eso me metí en una profesión que depende mucho del desprendimiento. Gestiono marcas, personas, campañas. Y cuando sos community manager eres un ser transparente hacia afuera. Generás contenidos que la mayoría de la gente no ve como tuyos, sino como el de la persona o institución o marca que manejás. Funcionamos como “ghost writers”, escribís unas líneas geniales y los aplausos se los lleva ese otro que gestionas y no tu.

Cada vez que leo que alguien elogia un contenido mío aunque no lleve mi firma, me da felicidad. Es una felicidad simple, compartida con los pocos que saben que uno está detrás de eso... pero ya no preciso los aplausos con nombre y apellido. Por el contrario, veo gente en el rubro que precisa manifestarse autora de eso, que no puede con la “no firma”, con el ser el fantasma tras la marca y es ahí cuando pienso que esto que muchos consideran fácil de realizar, no es para todos.

Las redes sociales atentan contra nuestro ego, todos podemos hacernos “famosos” ahí, lidiamos con quien tiene más amigos, más saludos de cumple, más “me gusta” en esa foto nuestra haciendo algo cotidiano como comiendo pizza... Por lo que hoy más que nunca, desligarse de eso, desprenderse, no es para cualquiera. Yo soy la generación X, la generación Peter Pan, nos negamos a envejecer, envejecemos haciendo lo mismo de siempre, pero sin duda, demuestra nuestro crecimiento dejar que gane nuestro altruismo sobre nuestro egoísmo. Y avanti con eso.

Si encontrás a alguien que da lo mejor de sí por ti y se corre del aplauso, si lo hace por tu marca, por tu proyecto, valoralo, no hay muchos: somos pocos pero ¿saben qué?, somos los mejores.