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Natalia Trenchi

Médica, psiquiatra de niños y adolescentes y psicoterapeuta cognitivo-conductual. Piensa seguir trabajando mucho más para conseguir que nuestros niños crezcan más felices, fuertes, buenos y respetados.

Aprontando las mochilas de adentro

Ahí andan todos en estos días: comprando materiales, probando túnicas y uniformes y asegurándose de que está todo pronto para encarar un nuevo año escolar. Y en pocos días veremos a los chiquilines cargando pesadas mochilas, con una mezcla variada de entusiasmo, disgusto, curiosidad y nostalgia de las vacaciones. 

Lo que muchos no tienen muy presente es que lo más importante que tenemos que ofrecerles para esta etapa no son ni los libros ni los cuadernos bien forrados ni el dobladillo prolijo. Lo crucial es que encaren la etapa escolar con un cerebro sano y en paz, motivado para aprender y cargado con algunas capacidades básicas. Porque ahí es que se va a jugar el verdadero partido.

Cuando un niño se sienta en su pupitre o en la silla en la escuela, lleva consigo todas sus experiencias pasadas y lleva su impronta familiar, su cultura y sus creencias. Mucho más que su cociente intelectual, es todo eso que trae puesto lo que va a marcar la diferencia. 

Asegúrense de tener en cuenta: 

- Que coma bien: si llega a la escuela mal alimentado (y no sólo por carencias económicas sino por malas costumbres) le va a faltar el combustible necesario. 

- Que duerma bien:  si llega a la escuela sin haber tenido un buen sueño en cantidad y calidad va a aprender menos y peor. Los niños necesitan muchas horas de buen sueño nocturno, por lo cual deben acostarse temprano y dormirse tranquilos, en silencio y sin tecnología cerca. 

- Que esté razonablemente tranquilo: que no caiga sobre él información innecesaria y estresante, y que no sea depositario de conflictos de adultos.

- Que tenga desarrollada la autonomía adecuada para su edad, lo que significa que esté acostumbrado a hacer por sí mismo lo que pueda hacer y que no espere que los demás hagan todo por él.

- Que vaya a la escuela confiando en sí mismo. Eso sucede cuando se tienen madres y padres que son más estimulantes que críticos y que le saben valorar por su esfuerzo y avance.

- Que vaya a la escuela confiando en la maestra, porque sólo así va a poder ser receptivo a lo que ella le ofrezca. Esto depende en buena medida de la confianza que sus padres sientan por la docente y la institución escolar y que lo trasmitan con y sin palabras.

- Que haya desarrollado tolerancia a la frustración: aprender de verdad implica siempre toparse con obstáculos, equivocarse y tener que volver a intentar. Si sólo saben hacer lo que les resulta fácil, tarde o temprano van a encallar.

- Que hayan desarrollado una capacidad para esforzarse y responsabilidad por sus acciones, lo que significa que no interpretan el esfuerzo como un castigo sino como una manera de llegar a donde se quiere llegar, y que además han aprendido algo muy importante: de lo que hacemos depende el resultado, nosotros somos los artífices. Para eso, deben haber tenido madres y padres que les han permitido pelearla y que no corren a solucionarles todos los problemas.

- Que esté acostumbrado a respetar naturalmente las reglas, lo que le va a asegurar una inserción mucho más sana en esta primer microsociedad que encuentra fuera de su familia.

- Que se respete a sí mismo y a los demás, y que sepa defender sus derechos sin violencia.

- Que vayan dispuestos a conocer la maravillosa diversidad que nos ofrece la naturaleza y que sepan darse la oportunidad de conocer a quienes parecen diferentes.

- Que encaren el aprendizaje con entusiasmo y esperanza, porque sus padres le trasmiten el gusto por el conocimiento y la certeza de que ese es el camino para desarrollarse en la vida.

Y si además ustedes, madres y padres, logran organizarse bien para no andar siempre a las corridas y con el ceño fruncido, si logran aprovechar el tiempo que tienen para estar juntos para vivir, sin dejar que la escuela invada cada hora de la vida de los niños y la familia…este será un gran año.