MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

Menu

columnas

Emilia Díaz

Madre, actriz, psicóloga social, comunicadora, de enrulado pelo y alma. Su madre viola aburrida y a los 6 años metiola en ballet, piano, teatro, karate y canto lírico. Su formación: tan ecléctica como su infancia y pubertad. Ama los espíritus libres y estar entre mujeres.

Cosas de nenas

Me acuerdo la 1era vez que creí que ser nena no estaba bueno…

Era 7 de enero. Los reyes habían dejado en nuestros zapatos variados regalos. Mis primos jugaban con sus trajes de ninjas tirando patadas voladoras con mi hermano, mientras a mí  me habían enchufado a la vecina, que bancaba poco, con su regalo de reyes reloaded: un bebote con pañales de colores para cambiar.

“Yo soy la mamá y vos la tía?”, me decía…“mejor vos la mamá y yo la ninja, ta?”, contesté.

¿Por qué mi hermano podía salir a bailar a los 13 años, andar en moto a los 14 y en auto a los 15? La respuesta: “y bueno, tu hermano sí, porque es varón.”

Aprendí a andar en moto y en auto a escondidas, y me anoté en un curso de karate en mi club. Con 14 años ya era cinturón marrón. Igual seguía siendo “nena”. Más tarde entendí que nada de lo que hiciera iba cambiar esa condición. Tampoco deseaba dejar de ser nena, me gustaba, lo que me aburría eran “las cosas de nenas.”

La vida me demostró – y me demuestra – que las cosas de nenas las definimos entre todos y todas, pero sobre todo las definimos “las nenas”. Y las cosas de varones también las definimos las nenas, y pasada ya la etapa de bebotes y ninjas. Curioso, porque después nos quejamos.

Esto es lo que me ha motivado a investigar sobre lo que nos es dado como natural y estamos acostumbrad@s a repetir, o “reproducir”, al decir de l@s perit@s en materia de género.

Que me invitaran a escribir una columna en Mujer Mujer me emocionó, y cuando escuché el lema “detrás de una gran mujer está ella misma”, me cerró todo! Perfecto! Ese lema ya deconstruye una frase que nos puso a las mujeres históricamente detrás de un hombre, escondidas, invisibilizadas y silenciadas. Ahí decidí que sería una columna centrada en el tema de género, aspecto que me emocionó más aún.

Género: es un término que escuchamos mucho pero no sabemos muy bien de qué se trata. La Wiki define género así: “es una construcción simbólica que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo biológico que convierten la diferencia sexual en una desigualdad social entre hombres y mujeres.”

Cuando Wiki dice “atributos socioculturales” quiere decir también expectativas de índole cultural respecto a roles y comportamientos atribuidos a hombres y mujeres por su sexo.

Ah! Por eso las Cosas de Nenas no me gustaban!! porque eran una atribución!! Alguien dijo una vez “esto lo hacen las nenas”, y por siglos y siglos las nenas lo hicimos, y lo hacemos. Entonces no me siento tan mal por haber querido un traje de ninja.

Hoy, madre de un varón de dos años que me pide parado frente a una vidriera el reloj rosado de la Bella Durmiente, se me complican los hemisferios. Si le digo que no… ¿por qué? Y si le digo que si… ¿por qué? ¡Socorrooooo!

Entonces si el género es una construcción simbólica, cuando le digo que no a mi hijo le estoy diciendo “el rosado y la bella durmiente son de nenas, y tu sos nene, y no te puede gustar ni el rosado, ni la bella durmiente.” Y si le digo que si, ¿qué pasa?  Los amiguitos varones más grandes - con madres menos neuróticas que yo – se reirán de él y le dirán “ese reloj es de nena, jajajaja!” Y él vendrá llorando a mis brazos para que yo le explique lo que es la cultura de género, mientras le aclaro que sus amiguitos están equivocados. Gran dilema, gran.

Me acuerdo perfectamente la vergüenza que me dio en su primer cumpleaños al  repartir las sorpresitas. Un par de madres – neuróticas como yo – se acercaron a decirme “muy lindo el cumple, pero sorpresitas para nenas y sorpresitas para nenes??? mmm….me parece que te vamos a acercar alguna bibliografía.”

Casi me las como crudas, no a las sorpresitas, a las madres. Pero después, recordando la naturalidad con la que separé las pelotitas de goma en unas bolsas y los stickers de Frutillita en otras, me sorprendió. Yo, si, la copada con el tema género. Menos mal que tiene un año y ni sabe lo que son sorpresitas, pensé.

Es así de familiar, permanente e invisible el modo en el que actuamos y reproducimos la cultura de género.

Siempre me llamó mucho la atención cómo entre hombres y mujeres de vanguardia, o considerados progresistas o exóticos, por sus gustos, costumbres, profesiones o ideología; llegado el momento de levantar la mesa después de una cena, los hombres se quedan sentados y las mujeres hacen la faena. Y ahí la vanguardia, al menos para mí, pierde credibilidad. Será porque la coherencia es un valor que tengo en alto aprecio, y que busco en forma permanente, pocas veces con éxito.

Más allá de que esté de acuerdo o no con algunas feministas, me gusta escucharlas y leerlas, y sé que sus luchas son arena de mi costal, (dije costal y no costilla, que desde la Biblia venimos con eso de que salimos de la costilla de Adán, y no me cierra mucho, pero esto lo dejo para otro capítulo).

Seguro que cuando escuchás la palabra feminista lo primero que te viene a la cabeza es una mujer guerreando contra hombres y arengando a otras mujeres a rebelarse y aplastarlos. Quizás exageré con la imagen, pero seguro pensás algo parecido. No soy de esas, y si me apurás tampoco soy muy hincha de ellas. Pero sé que las corrientes feministas han hecho, y hacen, muchísimo para que hoy todas podamos sentirnos más libres a la hora de elegir, conocer nuestros derechos y que otros los respeten; que no es changa. Porque lo que para mi madre era impensable a sus 40 años, hoy es obvio para mi sobrina de 9. Y eso está bueno.

En Cosas de Nenas les voy a contar un poco de este nuevo mundo femenino, gracias a las nuevas formas de ser mujer que estamos experimentando en todo el mundo.

Intentaré visibilizar historias de mujeres que hacen la diferencia. Que a veces sin altavoces, ni luces de neón, viven, conviven, crean, tienen hij@s, niet@s, crían, trabajan, pagan cuentas, sostienen, sueñan, lloran y consuelan, curan y escriben, corren...a veces todo el tiempo! Parecen invisibles y sin embargo nos abren mil puertas. Sientan un precedente, son la aguja del pajar. Esa que ves y decís: ¡qué bueno que sea mujer!