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Nani Rodríguez

Presidenta de la Fundación Gonzalo Rodriguez. Luego del fallecimiento de su hermano Gonzalo Gonchi Rodriguez, piloto de carreras y héroe nacional, decidió emprender una obra social en su honor que, convierta lágrimas en sonrisas en la sociedad uruguaya.

Madres y padres: esta columna es para ustedes...

En días de tanta reflexión sobre la seguridad de nuestros hijos, donde todo parece detenerse por un momento, empezamos a analizar a cada una de las personas que está en contacto con ellos, recorriendo mentalmente cómo es su día a día, adónde van, a quién ven y cómo van.

De golpe queremos llevar el control absoluto de nuestros hijos; queremos ser padres responsables y no dejar nada que tenga relación con ellos al azar. Sé que es difícil asociar una cosa con otra, pero no puedo evitarlo porque al final del día el amor que uno -como padre- siente por un hijo es enorme, y estos momentos nos llevan a analizar todos los aspectos.

En mayo, desde las Naciones Unidas se nos invita a reflexionar sobre la velocidad en la que nos movemos en las vías; se nos invita a ser conscientes del daño que podemos sufrir o causar a medida que elevamos nuestra velocidad. Por eso, quiero invitarte a pensar detenidamente -como lo estamos haciendo en estos días sobre este tema- y ver si hay algo que podés modificar hoy para evitar un problema el día de mañana.

El único elemento que puede ayudar verdaderamente a prevenir lesiones graves es reducir la velocidad. No es lo mismo chocar en un vehículo a alta velocidad que a un ritmo de un clásico “dominguero”. ¿Alguna vez calculaste realmente cuántos minutos te ahorrás por ir a 120 km/h en la ruta en vez de ir a 90 km/h? ¿O por ir a 60 km/h en vez de 45 km/h en la ciudad? La diferencia es muy poca, comparada con el gran aumento en riesgo y estrés.

Sé que no soy santo de devoción porque de más joven tomé muchísimos riesgos -incluyendo manejar a alta velocidad- pero eso no quita que hoy, ya más grandecita, haya aprendido y les ahorre este riesgo innecesario a mis hijos. Se me eriza la piel solo de recordar algunos momentos y percatarme la suerte que tuve.

Perder a mi hermano y a mi padre cuando era muy joven me hace valorar mucho más la vida. Hoy puedo estar tranquila de que me manejo de forma mucho más responsable en la vía, ya sea como conductora, pasajera, peatón o ciclista, a pesar de que cada día corrijo algo nuevo. Donde más me esfuerzo, es en la forma en que se movilizan mis hijos, mi esposo y yo. Porque es importante evitar que les pase algo a ellos o a nosotros para poder acompañarlos en su crecimiento.

También quiero que ellos crezcan con el chip ya incorporado de lo que aprendimos nosotros porque nada me asegura que si ellos se regalan, como lo hice yo, van a correr mi misma suerte. Y definitivamente, eso no es algo que esté dispuesta a averiguar. No quiero que formen parte de las estadísticas.

Llevarlos sueltos en el auto, aunque sea en trayectos cortos, es un riesgo enorme al que los estamos exponiendo como padres. No hablar de vez en cuando con el conductor de la camioneta escolar para pedirle que por favor controle que los niños tengan el cinto bien puesto, es descuidarlos. Dejarlos ir solos por la calle si son menores de 10 años, aunque sean pocas cuadras, es exponerlos al peligro porque ellos no tienen nuestra capacidad de medir la distancia y la velocidad de los vehículos.

¿Qué pasa si se distraen y justo viene un conductor de auto, moto o bici un poco distraído también? Una vez más nos enfrentamos al dolor y luego el sentir de la responsabilidad y la culpa.

Por eso, como adultos, tenemos que prever que un niño caminando solo puede cruzar sin calcular bien las distancias. O puede haber alguien que llegue tarde y venga manejando a alta velocidad. O alguien que justo conteste un mensaje de whatsapp en vez de mirar el cartel de ceda el paso.

Es por todo esto, y muchas más cosas que están sucediendo en la calle en todo momento, que debemos actuar de forma consciente y responsable. Todos los ocupantes del auto debemos usar siempre el cinturón; los menores de 12 años ir sujetos en booster o silla y reducir la velocidad. Porque si alguien se distrae, los que podemos terminar en el hospital podemos ser nosotros u otra persona.

Ahí es cuando volvemos al punto cero, cuando la razón empieza a darnos de forma violenta todos los elementos que demuestran nuestra responsabilidad en los hechos y con todos los involucrados, especialmente nuestros hijos.