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Emilia Díaz

Madre, actriz, psicóloga social, comunicadora, de enrulado pelo y alma. Su madre viola aburrida y a los 6 años metiola en ballet, piano, teatro, karate y canto lírico. Su formación: tan ecléctica como su infancia y pubertad. Ama los espíritus libres y estar entre mujeres.

Correcto o incorrecto: esa es la cuestión

A dos bandos estamos: los de la libertad de expresión y los políticamente correctos. El primero quiere decir todo lo que quiere, aunque duela; y el segundo pretende callarlo para que no pase lo que inevitablemente pasará. El primero es acusado de francotirador y el segundo de censurador o de practicar adoctrinamiento ideológico.

La cuestión aquí es que el que piensa, pierde! ¿Políticamente correcto o incorrecto? ¿Qué esto de políticamente correcto? ¿Alguna vez se preguntaron bajo qué política es algo correcto o incorrecto? ¿Sólo lo correcto tiene política? Y "la política" ¿no es acaso un fenómeno social que tiene un marco histórico?

Este es el debate que nos estamos salteando. Lo que está detrás de esto es un debate filosófico. Lo que hay detrás de ambos bandos son posiciones filosóficas y quizás ideológicas que aparentemente difieren, pero no del todo si se profundiza.

Los cambios de paradigma, las tendencias, las "nuevas olas"; implican revisiones de pensamiento, de sentimiento, de acciones y por qué no: también de políticas. Implica que todas y todos (sí, ya sé: "lenguaje inclusivo" que algunos combaten como "adoctrinamiento ideológico") nos preguntemos sobre algunas construcciones sociales y sistemas de valores imperantes o hegemónicos.

Así como la revolución informática nos cambió la forma de percibir el mundo, de vivir en él, de comunicarnos, de sentir; otras revoluciones como la difusión de la Teoría Feminista, la defensa y difusión de los Derechos Humanos, de la Biodiversidad o la lucha Ecologista; pueden llegar a conmover algunas estructuras, sobre todo aquellas que consideran estas corrientes - o movimientos sociales - como promotores de una mejor calidad de vida o en su defecto, pasadas de rosca.

Aquellas personas que las consideran pasadas de rosca, intentarán defenderse ante quienes las promuevan o se sentirán censuradas o juzgadas por quienes levantan sus banderas. Dirán que son utópicas sus metas, ingenuas e inalcanzables y hasta incluso primas hermanas del totalitarismo. Lo dirán porque quizás se sintieron atacadas, excluidas, burladas, desacreditadas, censuradas y expropiadas de sus valores y creencias. Y quizás sí, lo fueron.

Es el viejo juego de la tesis y la antítesis dialéctica. Es el viejo juego al que nos sometemos cuando de armar bandos de trata. Y aunque es un juego necesario cuando nos preguntamos qué tipo de personas somos o queremos ser o qué tipo de mundo queremos para nuestra descendencia; si nos quedamos sólo en lo que está bien o mal decir o hacer, o si me "dejan" o "puedo" hacerlo: estamos volviendo 700 años atrás a una caza de brujas que no dejó tiempo, ni espacio para el debate real que deberíamos dar. Parece que hoy los debates los dejamos sólo a los que van a balotage… y la verdad que los últimos en EEUU y Francia poco de buen ejemplo de profundidad han dejado.

Ni el bando de la libertad de expresión pretende siempre lastimar, ni el bando de lo políticamente correcto busca quemar en la hoguera al hereje, aunque a veces así parezca; unos de otros no están tan lejos como parece.

Hoy tenemos más acceso a la información que no siempre significa estar mejor informados. La difusión de algunas premisas sobre igualdad, equidad, diversidad y derechos están más a la mano. Hay gente que toma esa bandera (y tomar bandera no lo veo mal… sobre todo en estos tiempos de compromisos laxos) y encuentra en el "incorrecto" un perfecto chivo expiatorio donde depositar la bronca y la impotencia, mientras que el "incorrecto" encuentra en el "correcto" un fascista demagogo disfrazado de "progue" que - bajo el lema de igualdad y respeto a la diversidad - avasalla su derecho a la libre expresión de su pensamiento.

Hasta acá me parece un debate estéril, bah… debate es mucho, es una confrontación estéril. El debate por lo menos a algún lado te lleva y debería tener argumentos sólidos, esta peleíta de 140 caracteres no llega ni a los talones de un debate.

La peleíta vende, lo sabe Rial mejor que nadie. El debate aburre, lo sabemos todos. Los argumentos sólidos no aparecen porque no hay información procesada y digerida con tiempo sobre estas cuestiones. Las redes y los medios nos invitan a subirle o bajarle el dedo con un emoticón en tiempo record a todo lo que nos calienta la sangre, que son tantas las cosas que pueden hacerlo que al final no nos calienta nada, vivimos a piñazos de trending topics y siempre lo que sabemos tiene tufo a vencido. Lo importante es estar a favor o en contra, lo importante es encontrar un bando donde ahogar la soledad y otro bando contra quien dar rienda suelta – en compañía de otros - a nuestra furia adormecida por el brillo de la pantalla.

No, no nos moverán. Es nuestra identidad que está atada a esta peleíta y es el otro bando el que nos la quiere arrebatar. Así que defendamos con los dientes, con los puños, con todo el peso de nuestro cuerpo sexuado, caucásico, afrodescendiente, oriental, pobre, rico, patriarcal, neoliberal, vanguardista, plancha, pituco, demócrata, republicano, blanco, frenteamplista o colorado; nuestro territorio, nuestro espacio, nuestra identidad y nuestro derecho a expresar. Porque el otro bando se viene con todo, a expropiarnos de todo lo que conocimos y por lo que pelearon nuestros ancestros, vienen a llevarse todo el legado, a arrasar con toda certeza y a borrar todo lo que somos y quisimos ser. Bajemos la pelota al piso!

Lo que no vemos es que el mismo sistema en el que vivimos encuentra las estrategias para dividirnos, nos seduce desde lejos y con tranco histérico nos deja sin aliento en un desierto de lucha ciega y sin solidez conceptual; lucha estéril que da de comer a la bestia del ego que nos habita y es propietaria de la histórica, neurótica y perversa fantasía de dominar y ser dominado, de convencer y ser convencido, de derrotar y ser derrotado.

Salirse de este juego quizás sea la clave, dar el debate y no el combate… una plausible estrategia. Preguntar, investigar, leer, escuchar. Tomarse un cafecito con uno mismo, preguntarse: "¿cómo y por qué llegué hasta acá?". Por qué me duele tanto, me indigna tanto, me chirria tanto; por qué me "saca". Vamos al grano, a lo que está detrás de esta falsa contienda. Y asumamos cada uno – con honestidad intelectual y afectiva - el compromiso de SER HUMANOS; que eso es algo que seguro todos – por ahora - tenemos en común.