MUJER MUJER - DETRÁS DE UNA GRAN MUJER. ESTÁ ELLA MISMA

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Loredana Morando Nannizzi

Gordita de alma, flaca de cuerpo. Constructora de su delgadez. Restauradora de su vida. Estado civil: en una relación complicada con la Arquitectura. Sus mejores amantes: la fotografía y el entrenamiento. Saliendo del clóset por la escritura. Fantasea todas las noches con viajar y volar.

Va de nuevo

Me arriesgo a decir que en este profundo proceso de autoconocimiento y revolución que comencé hace casi tres años, la escritura renació en mí como una de las protagonistas principales en la novela de mi vida. Veremos si lo sigue siendo, muero de ganas. 

Estuvo siempre, desde muy pero muy pequeña, arraigada en lo más profundo de mi ser. Siempre fui una enamorada del lápiz, el papel, tanto para escribir como para dibujar. Invertía horas buscando tener una hermosa caligrafía… Ensayaba, rompía varias hojas Tabaré y nunca quedaba conforme. ¡La nena fundía a sus padres en las papelerías, no en las jugueterías!  Los deberes los hacía dos o tres veces porque nunca quedaba conforme con la prolijidad. 

Escribí infinitas cartas en mi adolescencia, a mis padres, a mis amigas y amigos, a aquel amor mágico… Pero de repente me detuve, durante casi diez años puse en una enorme pausa mi gran pasión. Aún no tengo claro porqué, pero creo que me quise silenciar.

Hasta que un día necesité volver a hablar. En medio de toda la locura que estaba viviendo mientras llevaba a cabo la toma de poder de mi vida empecé a experimentar una especie de necesidad fuerte que venía desde mis entrañas de empezar a contar la verdad. Necesitaba, por algún motivo, contársela a mi entorno, pero sobre todo contármelo a mi misma. Armar mi propio y verdadero relato. Contar mi verdad era dejar en evidencia que lo viejo que conocían de mi, era verdadero, pero estaba demasiado incompleto. Yo empezaba a conocerme y deseaba que todos empezaran a conocerme de verdad.

Mi mejor medio de comunicación, el que mejor fluía porque me permitía la pausa que al hablar en vivo no tenía debido a mi ansiedad, siempre fue la escritura. Entonces iba a ser por escrito. Al principio en redes, luego el blog y ahora esta oportunidad de mis columnas. Quería contar mi verdad pero más aún quería gritarle al mundo que se puede, deseaba generarle a alguien lo que a mi me generó leer otras historia como la mía en aquel libro de Ravenna: “En un abrir y cerrar de boca”. Estuve callada durante tanto tiempo que cuando experimenté la libertad, eso que jamás había sentido, fue difícil parar. Y me fui al extremo. Como en todo lo que hago, apliqué la adrenalina de la voracidad. Por eso hoy, me limito a este espacio. Que actúa de cable a tierra, en medida justa, una vez al mes. Este espacio que me mantiene junto a otras cosas, conectada con todo lo que deseo para mi vida.

Pero no alcanza sólo con esta conexión. Hoy tengo que quintuplicar esfuerzos.
 
Desde que empecé a escribir mis columnas jamás experimenté dificultad para dejar que las palabras fluyan solas.

Hoy estoy muy pero muy intoxicada y me cuesta mucho escribir. Me explota la panza de tanto comer, empiezo a quedarme sin ropa. Pero ya saben que contar la historia color de rosas nunca fue ni será mi objetivo, venderles que soy un ser mágico no solo sería una gran mentira sino que sería terrible para quienes están convencidos de que solo se puede si hay magia de por medio. Por eso siempre estuve muy decidida a romperles la burbuja de la magia, a decirles que “lo siento amigos, lamento comunicarles que se puede si están decididos a ser valientes, se pueden si están dispuestos a trabajar duro, se puede si están dispuestos a cambiar su vida, no a bajar kilos". Se los digo. Y me lo digo, deseo ser valiente. Esto es por ustedes y por mi. Para ustedes y para mí. 

Hace días pienso de qué iba a hablar en mi columna de hoy, nunca tuve tantas dudas como hoy, nunca me costó tanto como hoy, pero no podía hacerme la boluda, no tenía ganas de transmitir algo que no era, porque estoy harta de contar que no estoy pudiendo, estoy harta de repetir este cuento de los últimos meses. Entonces pensé en hablar de las cosas lindas que me han sucedido, porque no dejan de suceder cosas lindas a pesar de que hoy veo todo gris, pero sencillamente me di cuenta que me estaba empezando a hacer la boluda una vez más. Y lamentablemente hacerme la boluda ya no es una opción. Callarme ya no es una opción, nunca más voy a mostrar una sonrisa cuando no tengo ganas de reirme, nunca más voy a fingir que está todo bien si no lo está. Eso hice durante muchos años, porque ni siquiera yo sabía que no estaba siendo feliz de la manera en la que vivía, yo misma me engañaba.

Ahora ya ni siquiera puedo engañarme más, el camino viene siendo solo de ida, solo me salva el poder poner en palabras. Adicción viene a ser “lo no dicho”, y de aquí en más solo puedo "decir". Lo peor de callarme no sería que ustedes no van a saber la verdad, lo peor de callarme sería volver a no hablarme a mí misma.

Es muy triste necesitar un abrazo y ni siquiera poder pedirlo. Porque ya no es el abrazo ajeno el que deseo, ahora deseo poder abrazarme a mi misma y decirme que todo va a estar bien, que todo está en mí pero que necesito volver a dejarme abrazar, como me dijo Flor. Necesito recordar que con abrazos ajenos puedo abrazarme sola. Una vez más, hasta el cansancio, me repito "contigo puedo sola". Gracias Gonza, por ese abrazo al final de grupo. Gracias.

Lo tengo todo, un entorno hermoso en todos mis ámbitos, tengo toda la ayuda que podría desear. Todo me lo gané dando todo de mi. Ahora solo falta ganarme lo que más difícil me está resultando ganar, solo me falta tenerme a mi misma por completo, abrazarme y sentirme. Abrazarme y permitirme todo lo que quiero para mi vida, sin miedo. Aún no me animo, todavía no logro imaginarlo, pero sé que voy a poder vivir sin compulsiones, sin atracones, sin ser esclava de mi sustancia. Sé que voy a poder vivir sin comer 15 bizcochos, 4 alfajores, 3 empanadas y muchas barras de chocolates en menos de dos horas. Sé que voy a poder vivir sin comer compulsivamente, sin arruinar mi alma a través de ese objeto tan...objeto. Sé que voy a lograr abrazarme.