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Patricia Jodara

Lic. en Psicología. Se especializó en obesidad. Dirige el Centro Terapéutico Montevideo, método Dr. Ravenna desde hace 10 años. Coordina el Equipo multidisciplinario que lo conforma y coordina  grupos terapéuticos. Es  casada y tiene  dos hijos

El otro comienzo de año...

¿Qué estoy postergando?

Cuando hablamos del comienzo del año, nos referimos obviamente al 1ª de enero, esa división objetiva que nos ubica temporalmente.

Sin embargo, en este hemisferio en que esa fecha está inmersa en el verano y atravesada por el receso escolar, muchas cosas comienzan más tarde.

Y en esta subjetividad, postergamos el comienzo de algunas ocupaciones o tareas para el inicio del año escolar en que la familia se organiza en función de los horarios de los estudiantes.

En Uruguay, específicamente, se reconoce popularmente un segundo comienzo de año para ciertas actividades luego de la semana santa o de turismo.

Es decir, ya pasamos el segundo comienzo del año. Entonces vale preguntarse: ¿qué cosas estoy postergando todavía? ¿Cuáles son las que generalmente se me dificulta empezar?

El cuidado personal, la dieta, el gimnasio, muchas veces quedan para el final. O más bien, es uno mismo el que queda último en la lista de tareas y ocupaciones.

La procastinación o procrastinación es un mecanismo por el cual postergamos una tarea, la dejamos para más adelante. Es básico en las adicciones y es lo que lleva a posponer el comienzo de la dieta o del gimnasio con el famoso “mañana empiezo” o “el lunes dejo de fumar”.

Existen en nosotros las dos tendencias: la de satisfacer el placer inmediato, una posición más infantil, y la de la preocupación por el bienestar y la salud. Las dos conviven. ¿Qué hace que escuchemos más a una o a otra?

En algunas cosas de nuestro quehacer cotidiano no nos enfrentamos a esta disyuntiva, las tenemos organizadas, nos sentimos responsables y cumplidores. Pero hay otras que repetitivamente quedan en la lista del debe. Cada uno sabe “dónde le aprieta el zapato”, con qué tiene que lidiar. Hay cosas que cuesta empezar…

Concretamente, en el tema de la alimentación, cuando uno come en exceso, a pesar de darse cuenta, crea una serie de mecanismos defensivos que le permiten seguir comiendo, le permiten mantener el circuito adictivo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que, a pesar de ver las consecuencias, el acto de comer es lo más fácil y accesible que tengo para apaliar situaciones de angustia o estrés.

Pero si bien, en la inmediatez, la angustia cede, el costo es alto. Pierdo la conexión conmigo, la conexión con el deseo de estar y sentirme bien. Me suministra un placer inmediato que tiene consecuencias no deseadas.

Para esas cosas que nos cuesta comenzar, no siempre la decisión es pensada. Muchos pacientes llegan a nosotros respondiendo a un impulso, una inmediatez como la de comer de más. Este impulso responde al sentimiento de pesadez, al sentimiento de descontrol, al padecimiento por el cuerpo engordado, a un comentario, a una mirada en el espejo o a una foto.

Pero en este caso, este impulso es diferente al que me lleva a comer de más, este impulso me reconectará conmigo y, si lo escucho y lo sigo, me llevará a ese lugar de tranquilidad que estoy buscando. Obviamente no debe quedar en impulso, si se trabaja, se convertirá en una decisión pensada, deseada, que se debe cuidar para que pueda ser sostenida.

Lo que quiero decir es que, frente a la dificultad de cortar con una sustancia, de comenzar con algo que reconozco que necesito, tengo que aprovechar el impulso que puede llevarme a la decisión correcta y en ese caso es muy importante dejarse ayudar. Este dejarse llevar es el alivio que seguramente vengo buscando.