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Laura Corvalán Maclean 

Diagnóstico de espectro autista: asperger. Backpacker experta. Trotamundos Senior. Buzo Profesional. Educadora nata. Comunicadora por elección. Periodista de alma. Escritora édita. SocialMedia de la 1a ola. Madre de Juancho 24x7 y soy del Río de la Plata, 100% mezcla.

Yo no me quiero casar, ¿y ud.?

Toda la semana pasada el tema en Argentina fue la infidelidad a raíz de los audios, videos y chats que se filtraron de una mediática, otra mediática (?) y un ex futbolista. También en medio de todo esto, el Papa salió a decir que la gente si no se casa para toda la vida, mejor no se case. Y en una reunión con amigos salió el tema de si “perdonarías una infidelidad”... El 35% dijo que no, el 30% dijo que sí y otro 30% dijo que dependía si era una cosa de una vez o una relación paralela en el tiempo.

Hace muchos años que creo que el matrimonio es, como otras instituciones, algo que ya no tiene razón de ser. ¿Por qué el estado o las iglesias y religiones deben reglar las relaciones de amor de las personas? El matrimonio nació como un contrato entre partes cuando buena parte de los matrimonios NO eran por amor. Un señor tenía una hija y un campo chico lleno de animales y otro señor tenía un hijo y mucho campo y pocos animales. Los casaban y tenían mucho campo y muchos animales... esa pareja que a veces no se había visto en su vida, debían firmar un contrato para que funcionara el pacto. Cuando los matrimonios comenzaron a ser mayormente por amor, el contrato de partes dejó de tener el mismo significado.

Hace unos 20 o 30 años muchos decían que se casaban “por los hijos” porque era más  complicado el trámite de registro cuando los padres no eran casados. Pero eso tampoco es así ahora. Dos personas que se eligen pueden tranquilamente jurarse amor entre ellos, delante de sus amigos y familias, hacer una hermosa fiesta, tener hijos y, cuando el amor termina, separarse tranquilamente. Todo el tema de bienes conyugales, de separación de dichos bienes,y de todo lo que conlleva se pone en la balanza pero dos personas que se amaron podrían resolverlo también.

Hace muchos años compré un auto, cuando lo quise vender me preguntaron si era casada, porque si era casada precisaba la firma de mi cónyuge... perdón... si lo compré yo... todas estas cuestiones me parecen extrañas. Todos los argumentos que me dan sobre las “ventajas” del contrato matrimonial tienen que ver con simplificación burocrática de trámites... si es eso solo, es poco, gurises.

Me parece divino que la gente se ame, haga rituales de vestimenta y alianzas, lo festeje con los suyos, conviva, pero no me parece que tenga pertinencia que un estado u otra institución tenga injerencia en estos actos privados.

Y ahora voy a la infidelidad. Yo dije que no la perdonaría, o sea, si uno está con alguien en teoría hay una pacto de fidelidad... salvo que se haya estado explicitado que no sería así. Me parece que el engaño y la mentira que trae aparejada la infidelidad es lo imperdonable.

Las uniones de los hombres son tan extrañas ahora que regirlo es absurdo, ahora hay uniones de hombres entre sí, mujeres entre sí y hasta hay noticias de uniones de tres personas, a veces duran mucho aunque en general duran menos y la gente vuelve a unirse con otras, hay hijos allá y acá, de las dos partes, de uno solo, hay familiares que se hacen cargo de menores de la familia... todo ha cambiado tanto que la ley no llega a avanzar tan rápido como para absorber dichos cambios. 

Hay pocas especies animales que tengan acuerdos de fidelidad con sus parejas, ¿y si no fuera natural que una relación dure toda la vida? ¿Y si la fidelidad no fuera “lo natural”?

Alicia le preguntó al conejo blanco: “¿Cuánto tiempo es para siempre?”. Y el conejo blanco respondió: “A veces, sólo un segundo”. Alicia preguntó de nuevo: “¿Y cuánto tiempo es un segundo?”. A lo que el conejo blanco contestó: “Cuando amas, una eternidad”.

Aménse pero mi consejo es que no se casen, y si se juraron fidelidad, traten de que no haya chats, audios y videos (cosa imposible hoy) de que no están cumpliendo con ese pacto. ¡Salud y vivan los novios!