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Rosana Pombo

Psicóloga, Sexóloga clínica, Terapeuta cognitiva y de parejas. Profesora de Sexología en la Universidad Católica. Dirige el Centro Médico Sexológico PLENUS junto a un equipo interdisciplinario dedicado a la asistencia y la investigación en disfunciones sexuales.

Los desafíos sexuales de las parejas hoy…

Algunos estudios indican que las parejas hoy tienen menos sexo que hace 20 años.

Estudios recientes a cargo de investigadores de Florida Atlantic University, descubrieron que los adultos tenían siete veces menos relaciones sexuales por año que a comienzos de la década de 2010 y nueve veces menos que a fines de los ‘90. La caída se verifica en casi todas las edades, razas, regiones y personas con o sin hijos, y coincide con otro estudio realizado en Gran Bretaña.

Las causas hablan de la dedicación a otros intereses, el uso de la tecnología que desborda de estímulos que sustituyen al sexo, la falta de privacidad por alargarse la estadía en el hogar paterno, el “no abandonar el nido”. También lo explican la alta dedicación a las redes sociales y las series de televisión, temporada tras temporada. Según un estudio, Netflix podría estar reemplazando el tiempo en común dedicado a la  intimidad de las parejas. En definitiva, todos estos entretenimientos están siendo elegidos antes que el sexo y así lo relatan en la consulta cuando explican la falta de tiempo y oportunidad para tener relaciones sexuales.

Las parejas que consultan reconocen disfrutar hasta altas horas uno y otro capítulo de la serie favorita y ninguno de los dos sugerir contacto íntimo que provoque un encuentro sexual. Con asombro escuchamos cómo las parejas se las ingenian para ocupar su tiempo con entretenimientos varios y dan mil vueltas para finalmente ocuparse de otros asuntos desplazando las oportunidades de intimar.

La falta de sexo repercute en la falta de intimidad y viceversa

Las  parejas se quejan de falta de contacto físico, expresión de ternura, sensualidad y erotismo. Con el paso del tiempo, paulatinamente, esto va generando un “enfriamiento erótico-afectivo”, una “deserotización progresiva del otro y progresivamente del vínculo”. La frecuencia de las relaciones sexuales va cayendo drásticamente junto con la calidad. El deseo sexual, las ganas de intimar, van desapareciendo y las relaciones sexuales van cobrando la característica de ser cada vez más breves, más despojadas del encanto del preámbulo, de los juegos previos, de la dedicación prolongada y con especial atención a complacer al otro, a recorrer la memoria erótica de los cuerpos, a la vez que atendiendo a las propias sensaciones placenteras. La sintonía va desapareciendo, se va rápidamente al coito en el afán de cumplir, de alcanzar el orgasmo casi como única meta. Cuanto menor frecuencia de relaciones sexuales, menor calidad. Cuanto menos placentero el encuentro, menos frecuencia. Y los encuentros se van distanciando, evitando, olvidando.

Una de las funciones de la sexualidad es la de generar espacios de intimidad y la falta de sexo repercute negativamente, empobreciendo el erotismo, el romance y, como consecuencia, el vínculo amoroso. Y luego de un tiempo asistimos a la crisis conyugal, ¿cómo paso? Una especie de bola de nieve creció tanto que se hizo gigante, casi devorando a sus integrantes. Reproches, reclamos, quejas a montones. ¿La falta de sexo agotó el amor? ¿No era que si hay amor el vínculo puede subsistir para siempre? Nadie nos dijo que solo con amor no basta, que el encuentro sexual es una expresión del amor, que el amor se recrea en él y se fortalece, que el sexo es uno de los pilares fundamentales en toda relación de pareja.

Incluso muchas pacientes nos dicen en la consulta: “podría vivir sin sexo perfectamente”.

Cuando la libido sexual no encuentra eco en el otro el vínculo se deserotiza

Al haber tanto desencuentro, el cuerpo va perdiendo la memoria de las sensaciones placenteras, las cuales despiertan el deseo sexual. Por lo tanto, menos relaciones generan menos deseo sexual.

Con ello asistimos al deseo sexual inhibido, a una especie de anorexia sexual donde se controlan las pocas ganas de tener sexo que surjan de tanto en tanto, por conflictos sin resolver, por pereza, por atender otros intereses. Las parejas también restringen sus demostraciones afectivas.

Al rechazarse sistemáticamente toda expresión de erotismo, de conducta o actitud romántica que intente insinuar un deseo de intimidad, la frustración va ganando terreno. Como consecuencia, los sentimientos negativos impactan progresivamente sobre el vínculo, lo van erosionando, transformando, muchas veces encontrando un pseudo equilibrio en pos de mantener la relación con el otro, hasta encontrar una relación muy diferente de la que los unió, sin sentido erótico que recuerda a una relación de amigos o familiares. Mucho cariño, cero pasión.

Cuando llegan a la consulta, es necesario reflexionar sobre el hecho de que el deseo sexual no es una fuerza mágica que se activa apenas los cuerpos se tocan, el paso del tiempo y la convivencia nos desafía a generar acciones que estimulen la unión erótica.

De hacer el amor a sexo por cumplir

Advenimos a una suerte de sexo desprovisto de conexión emocional. Se piensa en el rendimiento, la excitación, los orgasmos.

En las parejas de muchos años, al quedar los encuentros vacíos de conexión emocional, a veces el sexo solo tiene el objetivo de marcar en el calendario que la relación es tal, que aún tiene sentido. Estamos demasiado ocupados en otras cosas en lugar de preguntarnos qué cosas del vínculo debemos atender.

Vemos que lamentablemente se está perdiendo el “mirarnos a los ojos”, llamarnos por nuestro nombre, comulgar emocional y eróticamente buscando una profunda entrega afectiva, el contenido que erotiza cada encuentro a pesar del paso del tiempo que subsiste a la rutina y a las obligaciones.

Si no trabajamos en enfrentar estos desafíos y apelamos solo a lo instintivo, nos encontramos con que el cuerpo “ya no nos pide sexo”. El sexo se transforma en una experiencia solo para la etapa del enamoramiento y la revolución hormonal, sexo en base a química. Y luego de unos años del deterioro del vínculo erótico las parejas se encuentran preguntándose si en realidad la monotonía desgastó el vínculo, si la química se perdió con el paso del tiempo y les resulta muy difícil tomar conciencia del problema y reconocerse como protagonistas responsables del proceso de pérdida.

Enfrentar juntos y cada uno la recuperación de la sexualidad, el placer y la conexión afectivo erótica, será uno de los principales desafíos a la hora de redescubrir, renovar y recrear el sexo y el amor.