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Entrevista aCambió su vida y hoy ayuda a otros a hacerlo

  • Aurelia Garcialagos es francesa pero decidió instalarse en Uruguay, abandonar su trabajo estable como asesora en empresas y, desde hace tres años, acompañar a personas que lo necesitan a encontrarle el verdadero sentido a sus vidas.

    Las células cancerígenas que le aparecieron a sus 25 años la incentivaron a cambiar de rumbo. Hoy busca que otros también experimenten lo mismo y sean conscientes de lo que disfrutan y lo que no para vivir plenos.

    Esta es su historia como coach de vida...

  • Una francesa en Uruguay, ¿qué te trajo a nuestro país?

  • Mi abuelo era uruguayo, casado con una francesa. Cuando tenía 21 años vine a Uruguay a conocer parte de mi familia y me enamoré. No sabía hablar ni una palabra en español pero todo me terminó encantando. Después regresé a Francia pero volví y me instalé.

  • ¿Desde cuándo coach de vida?

  • Hace tres años que ayudo a la gente a encontrarle el sentido a su vida. Todo comenzó cuando me aparecieron células cancerígenas a mis 25 años. Eso me permitió cuestionarme por qué, siendo tan joven, había desarrollado la enfermedad y quise replantearme mi situación. Descubrí que tenía muchas contradicciones entre lo que decía, hacía y sentía. Esa diferencia más mis células malignas me llevaron a hacer un clic y empecé con la biodecodificación para entender para qué me pasaban lo que me pasaba. Descubrí que cuando callamos nuestros sentimientos, el cuerpo habla y aparecen síntomas. Yo tenía una relación enfermiza con mi padre y vivía por los demás. Hacía un montón de cosas que no quería y cuando me di cuenta de eso y cambié, me curé. Cuando a los tres meses iban a operarme de nuevo me dijeron que estaba sana. Salir del papel de víctima para volverme responsable de mi vida, fue fundamental.

  • ¿Cuándo decidiste dar el paso de aplicar tu caso y experiencia para formarte y ayudar a otros?

  • Tengo una doble maestría en administración de empresas y mi tesis fue sobre cómo aumentar la productividad de las empresas tomando en cuenta el factor humano por lo que mi carrera siempre estuvo volcada a las personas. Cuando vine a Uruguay trabajé como asesora de empresas pero luego me replantee mi situación, dejé mi trabajo y decidí que quería acompañar a la gente a lograr lo que yo había logrado. Participé de seminarios, viajé a Francia a estudiar metamedicina y empecé por este camino.

  • ¿Cómo es el trabajo de un coach de vida?

  • Es como si fuera un psicólogo. Converso con mis clientes sobre los síntomas que tienen para ver qué creencia vive detrás de eso. Lo que hago es trabajar mucho con la programación neurolinguística para reprogramar el inconsciente y dar con eso que subyace. La terapia es corta y consiste en sesiones de una hora, una vez por semana o cada dos, en las que la gente persigue un objetivo. Yo la acompaño con un plan de acción.

  • ¿Para quiénes puede ser útil este tipo de terapia?

  • Es útil para toda persona que no le encuentra sentido a su vida. Sirve para muchos adolescentes que no saben qué hacer, que atraviesan una situación escolar mediocre o alguien que tiene una relación recurrente, por ejemplo, con personas violentas o alcohólicas. Eso sí, para hacerla, la persona tiene que estar convencida de que va a lograr lo que quiere. Yo acompaño al cliente a reescribir su historia para cambiar su creencia y que sea responsable.

  • ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en estos años como coach de vida?

  • La mayor satisfacción que siento es cuando el cliente me agradece el cambio o lo veo. El cambio es mágico cuando la persona toma conciencia de lo que le pasa.