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Entrevista aVíctima de violencia obstétrica...

  • "Si comés durante el trabajo de parto tu hija te puede salir mogólica"

     

    "El próximo ginecólogo de guardia las liquida a todas antes del mediodía"

     

    "Estás poniendo en riesgo la vida de tu hijo"

     

    "No podés pujar"

     

    Esas son sólo algunas de las cosas que tuvo que escuchar Carmen en sus partos, quien se hace llamar así ante la imposibilidad de dar su verdadero nombre por estar en juicio por la violencia obstétrica que sufrió durante sus dos embarazos.

     

    Cuando tuvo a su primer hija que hoy tiene 10 años, pasó por una cesárea innecesaria. Cuando tuvo a su segunda bebé, hace seis, decidió informarse para que no le pasara lo mismo. Sin embargo, por exigir sus derechos tuvo que vivir, en paralelo a su trabajo de parto, una lucha constante contra el sistema de médicos y enfermeros que querían hacer de ese nacimiento un proceso lo más institucionalizado posible.

     

    La segunda vez que parió, Carmen pudo tener un parto natural pero nada fue sencillo: le practicaron una episiotomía sin consultarle. "Hasta el día de hoy no puedo olvidarme de los tres cortes que me hicieron como si fueran tijeretazos, sin anesetesia, sin decírmelo".

     

    "Hoy tengo un estrés postraumático igual al sufrido por una víctima de abuso sexual", confiesa.

     

    A los tres meses de dar a luz a su segunda hija decidió denunciar. Pasó por tres abogados hasta llegar al correcto. Por el primero que consultó, experto en casos de violencia sexual, no se sentía comprendida. Su caso le parecía menor frente a otros que estaba defendiendo. La segunda profesional, quien pasó por lo mismo que Carmen, tampoco pudo defenderla porque como nunca había procesado su caso, le resultaba demasiado removedor. Finalmente, hoy está en juicio representada por una abogada aunque reconoce que le resulta demasiado duro el proceso y le cuesta avanzar.

     

    Como ejemplo del trauma que sufre, asegura que la noche previa a la conciliación ni siquiera pudo dormir.

     

    Por lo vivido, a Carmen le cosieron parte del intestino fuera de su cuerpo y recién a los diez meses pudo retomar las relaciones sexuales con placer.

     

    "La violencia que sufrí está 'justificada' por ocurrir dentro del ámbito hospitalario por más que haya sido en contra de mi voluntad, como un abuso sexual", explica.


    Nacer y Ser

     

    Miles de mujeres en todo Uruguay han sido víctimas de violencia obsétrica. La mayoría, posiblemente, sin saberlo. El proceso está demasiado naturalizado.

     

    Afortunadamente hoy, todas pueden acudir a Nacer y Ser, una organización que busca mejorar la vida de las personas.

     

    Una de las integrantes de la organización, educadora perinatal, Melania Raszap, dijo que desde Nacer y Ser luchan para que "todas las mujeres tengan derecho a un parto respetado". Además, buscan que exista un observatorio que releve el tema.

     

    Trabajan en un proyecto de ley de parto humanizado que tiene por objetivo dar protección a la mujer y su bebé desde que concurre por primera vez al ginecólogo durante su embarazo hasta los 40 días posteriores al nacimiento.

     

    Un equipo interdisciplinario atiende hoy telefónicamente o en persona a víctimas de violencia obsétrica para ayudarlas a descomprimir y dan asistencia legal gratuita a quienes quieren llevar su caso a la justicia. A su vez, a la brevedad lanzarán grupos para mujeres víctimas de forma online para poder dar ayuda a todas, sin importar en qué lugar se encuentren.

     

    "Desde Nacer y Ser nos interesa contemplar todas las miradas", explica Raszap. Por esto, las puertas de la institución y demás vías de contacto están siempre abiertas. Porque la violencia obstétrica puede generar un trauma tan fuerte como otros tipos de violencia más "naturalizados" por la sociedad.