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Entrevista aGabriela Arias Uriburu

Gabriela Arias Uriburu vivió un infierno cuando el padre de sus tres hijos se llevó a los chicos a Jordania y debió derribar muros para poder estar cerca de ellos. Hoy, 16 años después, disfruta con sus tres hijos, ya adolescentes: Zahira, Shariff, Karim. Un drama familiar que conmovió a la opinión pública.

  • Estuviste un año separada de tus hijos porque el hombre que amaste se los llevó. Tuviste que vivir separada de ellos toda la vida viéndolos cada tanto…

  • En realidad no vi a mis hijos por un año, no fue que yo me separé de ellos. Desde el momento en que se los lleva, empieza una tarea enorme, no solamente en mi vida personal sino en el mundo del derecho. Fueron muchas cosas las que ocurrieron aquel 10 de diciembre de 1997. El padre desaparece con los niños, yéndose en contra de la autoridad del juez que lo notificó diciendo que no se podía acercar al ámbito familiar hasta que se resolviera el divorcio, la tenencia y los chicos y yo pasáramos a estar en protección del juzgado. A partir de ahí se generó la búsqueda para encontrar a los chicos, que lo detectamos a los tres meses cuando mi padre viaja a Jordania. Ahí avisan por vías diplomáticas que en un colegio había tres chicos que no saben hablar árabe. Desde ese momento se genera toda una cuestión de derechos humanos, de derecho sobre la familia y los niños, que contrapone a Oriente con Occidente. Hubo un forcejeo entre Estados sobre los derechos de los niños y el derecho personal privado al público, que lleva a toda una instancia mundial y personal compleja, porque yo no podía tomar domicilio en Jordania, por las leyes musulmanas. Y pasó un año para que los pueda volver a ver, y luego una vez cada año. Se fue tejiendo una historia de imposibilidades por los desencuentros culturales y legales. No era simplemente que no tuviéramos derechos, sino que éstos se contraponían frente al derecho del Islam. Fue realmente muy complejo y difícil para mí explicar esto en Argentina, porque no tenían ningún antecedente sobre el derecho islámico al derecho Occidental. Hubo que tejer toda una nueva forma, la gente no entendía porque yo no me iba a Jordania a vivir con mis hijos, aspectos que en Europa ni me lo cuestionaron, es más, me pidieron que ni siquiera se me ocurriera poner domicilio en Jordania, porque ellos no iban a poder ayudarme si me ocurría algo allí. Ellos ya tenían millones de casos y no querían que fuera un caso más para las Naciones Unidas.

  • Luego de 15 años, ¿lograste perdonarlo?

  • Mi trabajo fue mucho más que el perdón. Si me hubiera quedado en que tenía que perdonar al papá de los chicos, me hubiera quedado impregnada de violencia. Porque esto no es simplemente perdonar, sino resolver una historia. Realmente he ido por los canales más profundos de la vida y la miseria humana interior para poder comprender el “para qué” y “por qué” de la historia. Comprender al mundo musulmán, porque es en ese mundo que mis hijos se han criado todos estos años. El perdón no redime la historia, sino que nos ubica en víctimas y victimarios. Tuve que pegar un salto muchísimo más grande para poder integrar la vida de mis hijos nuevamente a la familia multicultural de Oriente y Occidente. El perdón hace que uno esté en supremacía del otro, en estado de inferioridad y no hace que recuperes la integridad y dignidad. Hay que avanzar a un lugar más espiritual que es la redención. El perdón no redime. Las instancias que yo he vivido frente a la historia del padre, de su familia y el mundo musulmán, hicieron que necesitara dar un paso mucho más profundo en esto de la integración y que nadie más volviera a quedar afuera del ámbito humano, de la rueda familiar.

  • A veces parecería que justificas sus actos, ¿es así? ¿Entendés por qué hizo lo que hizo?

  • Ese es un punto de vista. Son 16 años de historia que no se pueden simplemente visualizar en una hora de lectura. Es una historia muy grande. Yo no estoy justificando absolutamente nada. No puedo ser juez, la vida es la que imparte la justicia, no los hombres. La justicia es un aspecto de la vida más que de el ser humano, porque lo que a mi me parece que está mal, a otro le puede parecer que es el bien, y ahí nos debatimos. Mi trabajo para volver a traer paz a la vida de mis hijos es un trabajo artesanal, de corazón a corazón. Cuando uno habla de justificar, de interpretar, está hablando desde el ego. No es lo que un niño necesita; no necesita que lo partan, que lo rompan o lo quiebren más, sino que los adultos pongan honestamente todas las piezas rotas arriba de la mesa y hagan el trabajo artesanal de volver a reunirlas. Eso es lo que todo niño necesita, debe y merece de los padres. Para eso nos hacemos padres. Y esto no es un mea culpa de lo que ocurrió, sino la reparación. Mi trabajo fue ese, reparar y reunir las piezas que necesitaban y necesitan mis hijos. No trabajo para el adulto, trabajo para mis hijos y los hijos de todos los hijos. Mi trabajo hoy es un servicio hacia los niños, y no parto desde el ego, desde el lugar de propiedad, ni desde esta cosa inflacionaria del adulto, porque la historia que vive un adulto no es la que vive un niño. Por eso estamos tan violentados entre un espacio y el otro, entre el territorio del niño y del adulto.

  • ¿Qué relación tenés hoy con él y su familia?

  • Yo no viví todo lo que viví para hablar de él ni de su familia, porque no me corresponde. La historia parte de un quiebre paradigmático para el mundo donde viene a hacernos un montón de reflexiones. ¿El niño a quién le pertenece?, ¿al padre o a la vida? El niño es el fundador de la familia. Esto es lo que la historia viene a explicarle al mundo. Y no es que los padres son los fundadores de la familia. Porque si uno se sitúa desde ese paradigma, el niño es un sometido a la voluntad del adulto, y en realidad el adulto tiene que ponerse a disposición del niño. Así tienen que ser los legisladores, las políticas, el educador, todo lo que conlleve a la crianza de ese chico. El niño es un aspecto sagrado de la vida, porque está creciendo la vida en él constantemente, como dice Gabriela Mistral. Esto es lo que mis hijos me empezaron a enseñar, para poder convertirme en una reparadora de los vínculos. La historia viene a hablarnos de otra parte muy exquisita que tiene que ver con esos vínculos. Mientras uno va reparando la historia, también va vinculándose con los hijos. Y esto no es a través del verbo que siempre utiliza el adulto, sino a través del mundo sutil, que tiene que ver con los sentidos, con el tocar, con el oler, con el jugar. A partir de ahí es que vas reparando, fortificando y reuniéndote con tu hijo de alma a alma, no importa dónde esté ni lo que haya pasado. De esto nos han hablado muchísimo los hijos que han vivido el Holocausto. La historia también viene a darnos un marco jurídico con respecto a cómo los Estados tienen que mediar poniendo en supremacía los derechos del niño. Viene también a hablarnos de la multiculturalidad y lo que significa la globalidad. Si en un mundo donde supuestamente “estamos todos integrados”, la integración mundial de cada cultura es que todos formemos parte de la vida y nadie quede afuera. El que quede afuera del círculo de pertenencia, no estará en paz. Y eso genera violencia, guerra y enfrentamiento para ver quien tiene el poder. Y así estamos. Todo esto es lo que tuve que ir aprendiendo a trabajar en la historia de mis hijos, para poder entrar en Jordania y convertirme en una madre multicultural. Y no es quien tiene la razón o el poder. Porque hay una cuestión de poder entre Oriente y Occidente. Volviendo a tu pregunta, mi historia gracias a Dios no es él. No estoy atrapada en la historia de nosotros, si no estaría en un psiquiátrico. Pasé por muchos infiernos, muchas noches de soledad y locura. Y hoy estoy honrando el camino hecho donde me rescaté como persona, como madre, como mujer y cómo ser humano. Hoy estoy celebrando el camino redimido, de la integración, de la dignidad humana, dónde en ese círculo se integran musulmanes, católicos, judíos, creyentes, no creyentes. Hoy para mí eso es la humanidad.

  • Tu historia es consecuencia de un matrimonio multicultural. ¿Creés en que el amor puede ser más fuerte que lo multicultural?

  • Depende de lo que se entienda por amor. El amor no es una cuestión romántica, es un principio de la vida. La vida puede fluir en nosotros y lo hace a través del amor. Cuando se entiende este principio, la vida no puede hacerse presente si no es a través del amor. El amor es un elemento fundante en la vida. Cuando se entiende esto, empieza a reunirse el corazón con la mente. Es una fuerza que va más allá de la pequeñez humana.

  • Tus hijos estuvieron separados totalmente de ti durante un año cuando tenían entre 5 y 1 año y medio. ¿Quién y cómo les explicaron eso?

  • Tuvieron que aprender a vivir lejos de su madre. Nos volvimos a ver al año de la tragedia. A chicos tan bebés no les podés explicar. Hubo una explicación muchísimo más importante que fue el seguir sintiendo que soy su mamá más allá de lo que dicen de mí. Por eso no creo en la alienación parental, el alma de un chico no es alienable. El alma puede vivir noches oscuras, pero no es una noche oscura. Mi trabajo fue ir trabajando desde lo sutil, incorporándome en el corazón de mis hijos más allá de lo que les dijeran. Generalmente el adulto, cuando está tan embarullado y entregado en el caos de la tragedia, no tiene la sabiduría de transmitirle la realidad al chico y le transmite confusión. Eso no quiere decir que está mal el papá, sino que está en un proceso de confusión, y explica la historia desde esa confusión. Después, el tiempo es sabio y va ayudando a ir comprendiendo y tener toda la visión de la película. Ese es el trabajo que yo he hecho a lo largo de los años. Si no seguiría metida en el papel del personaje, enredada, confundida, víctima o victimario, bueno o malo.

  • ¿Después cada cuanto los veías?

  • Cada año. Con la tragedia del 11 de setiembre, no los pude ver por más de dos años, por cuestiones políticas del mundo. Hasta que se lograron restablecer los órdenes y pude verlos otra vez.

  • ¿Ellos se quedaron con su padre porque no tuviste alternativa o porque sentiste que era lo mejor para ellos?

  • No hubo alternativa jurídica.

  • Si tenés que pensar en lo mejor de que se hayan criado en Jordania, ¿qué dírías?

  • Es que yo no tengo ese pensamiento. No estoy alienada. Yo asiento lo que ocurrió y trabajé para restituirles un orden. Realmente soy muy pequeña en toda esta historia, porque es una historia de David y Goliat. Yo no me pongo en un nivel superior a la vida; acepto lo que el destino quiso para ellos. Luché no en contra del destino, sino que fui reestableciendo muchas cosas para ellos, para que puedan ir por sus vidas sin tener que cargar muertos de esta historia.

  • ¿Cuál es el elogio más frecuente que te hacen tus hijos?

  • Bueno, vos sabés que los adolescentes no te elogian. Si mis hijos me elogiaran en la adolescencia, estarían muy mal ellos. Yo no busco su elogio, y menos en esta etapa. El adolescente necesita pelearse con sus padres para poder ir al encuentro de su “yo”. El papá que espera que un hijo lo elogie en su adolescencia, está en problemas. Igual me dicen cosas lindas, pero mi vida no se sostiene en lo que ellos me dicen.

  • ¿Cuál fue la situación más limite que viviste en tu historia?

  • El día que desaparecieron. Y a partir de ahí se fueron desencadenando muchísimas otras situaciones límites.

  • ¿A qué recurriste en momentos de desesperación?

  • En esos momentos no recurrís a nadie, porque en momentos de tragedia estás en el submundo del infierno, estás entre la vida y la muerte, y ahí te debatís, en si vivís o morís. Estás en el mundo gris, dónde empezás a ver toda la miseria y el espanto más grande de la humanidad. Entablás un diálogo directo con la vida y la muerte. Y esto no me pasó solamente a mí, sino a todas las personas con las que he hablado que hemos vivido tragedias diferentes. Todos tenemos nuestra experiencia de transitar en el infierno y de tener la mayoría, un diálogo con Dios. Esto pasa en los primeros tiempos, cuando en la tragedia pasa de la vida a la muerte.

  • ¿Qué te genera la palabra víctima?

  • Víctima es un síntoma, que significa quedarte atrapada en lo que te ocurrió y en quien te lo hizo. Eso hace que toda tu potencialidad, la superación, la fuerza, se convierta en estar en cautiverio. Tuve que hacer un enorme trabajo personal para salir de ese cautiverio.

  • ¿Cuál fue la clave para que hoy logres hablar de todo esto sin rencor, “sana”?

  • El trabajo personal que tuve que hacer. Fui a una terapeuta de lujo. La terapia para mi es entrar a un laboratorio y estudiar y trabajar sobre tu historia de vida. También se le fue sumando el yoga, en la unión de mente, cuerpo y espíritu, para poder estar sana mientras hacía los viajes a Jordania. A esto se le sumaron las constelaciones familiares, que es una terapia sistémica que se la recomiendo a todas las personas que tienen problemas en sus vínculos para lograr estar en paz.

  • Hoy los dos más grandes estudian en Europa en el mundo occidental. ¿Sentís eso como un logro?

  • No, para nada! Yo no miro la historia como la mira Occidente. Lo que espero es que lo que decidan mis hijos los lleve a la integridad y a ser seres humanos plenos. Para mi es lo más importante. Si es en Oriente o en Occidente, es un escenario. En realidad, ellos están llevando adelante lo que Jordania dice que es lo mejor, criarse en Oriente y estudiar en Occidente para poder formar parte del mundo. El árabe necesita formar parte del mundo para poder hacer sus negocios. Son muchas las películas que Occidente e hace de Oriente y viceversa; y ninguna es real.

  • Para avanzar en tu lucha estudiaste mucho sobre Medio Oriente y su cultura. ¿Qué sentís cuando te enfrentás a mujeres que viven con tantas limitaciones más que las que vivimos en el mundo occidental?

  • No sé si es así. En realidad la mujer en el Medio Oriente es la que manda en su casa. Las llaman el Ministerio del Interior y son ellas las que traspasan la cultura. Es un matriarcado escondido. La mujer musulmana está chocha que Occidente crea que están sometidas. Aprendí a verlas sin poner subjetivos, a vivir la historia y la cultura desde el lugar del observador. No llegué a Oriente diciéndoles que estaba mal lo que ellas vivían, que se estaban perdiendo otro mundo; simplemente me senté a observar y comprender su cultura. Uno tiene que comprender la cultura con todos los elementos, no con lo que parece que es. Con mis hijos no me separa una cuestión cultural, a pesar de que con el padre sí.

  • Tu hija fue criada en ese mundo. ¿Es más parecida a las mujeres de oriente o tu influencia la ha hecho separarse un poco de la cultura Jordana?

  • Ella tiene un enorme desafío que es la reunión del arquetipo femenino Oriente-Occidente. Lo está llevando a cabo y ves en ella la mixtura entre ambas culturas. Pero todavía es muy chica, acaba de cumplir 20 años. Me encantaría verla a sus 40 años, con profesión, tal vez hijos. Verla cómo fue reuniendo y consolidando este arquetipo.

  • ¿Alguno te ha dicho que le gustaría vivir en Argentina?

  • Sí, el mayor.

  • Tu dijiste una vez: “yo vengo de una concepción de que la mujer acompaña al hombre.” ¿Seguís pensando así?

  • Sí, pero eso no significa sometimiento. Es algo que estoy trabajando ahora que estoy en pareja. Pero no desde el lugar de género, que es un punto dónde estamos muy enfrentados, generando bastantes problemas en los vínculos. Hoy la mujer está muchísimo más masculinizada que femenina. Porque una mujer que acciona no pierde su ternura, no pierde muchos valores que tiene el femenino per se. Pero están acallados por una necesidad de accionar, de irrumpir, del impulso. Lo femenino no actúa por impulso, lo hace por sabiduría. Cuando entrás a una casa, te das cuenta cuando hay una mujer allí. Una mujer no de género, sino en femenino. Por la ternura, los detalles, las flores, los olores. Eso acompaña la acción de un hombre. Actualmente hay mucho desorden y confusión de los roles. Cuando me puse en pareja, estaba desmedida en mí accionar, así que tuve que integrarme femeninamente a la acción de él. Mucho de lo que hacía era yo sola y tenía frases como “pero vos no me entendés porque sos hombre”. Tuve que acallar todo eso porque estaba masculinizada. Lo sigo trabajando con Axel en esto de ser pareja, acompañarnos en nuestro vínculo de hombre y mujer y cumplir nuestros roles. No es que la mujer se somete; acompañar significa crear, amar, dar los tiempos, dejar que la semilla de sus frutos. Y eso lo sabe muy bien el femenino, ya que puede alojar la semilla en su interior y tener nueve meses de espera para que nazca la vida. La paciencia, la firmeza, la fuerza, el alimento, el arte, la pausa, el silencio, la contención, la amabilidad, la ternura…la posibilidad de levantarte todas las mañanas y crear tu hogar. Y con todo lo que tiene el hombre, es la boda alquímica entre las dos fuerzas, que se hacen opuestos complementarios. Acá no se habla de sometimiento, ni cautiverio…”si me deja trabajar o no” o qué tareas les corresponden a cada uno.

  • Estás en pareja con Axel. ¿Nunca pensaste en tener hijos de nuevo?

  • No sé si es estoy lista a no depositar en un hijo lo que no tuve con los otros. No puedo cargarlo con la historia. Además tengo 48 años, estoy desarrollando la pareja, no sé si me va a dar el tiempo que de nosotros surja un hijo por la edad. Es estar en sintonía con el destino, el tiempo y la vida. A veces uno se come lo que el destino está planteando hoy porque no vivió tal o cual cosa. Ahora estamos construyendo nuestro hogar, de reunir lo femenino y lo masculino, de poder desarrollar lo femenino en mi casa. Para mi esto es muy importante. No sé si un hijo va a llegar cuando esté reestablecida del todo en la vida. Y esto de “adoptar porque no puedo ser mamá”, no está bueno. Primero hay que curar para después abrirse a la experiencia de traer a mi hogar a un chico para criarlo, no para que sea “el hijo que no pude tener”. Porque si no siempre estamos buscando, comprando, reemplazando. Alguien viene a cumplir lo que el destino no dejó que yo fuera.

  • Has escrito mucho sobre tu historia. ¿Quién te gustaría que leyera tus libros pero sabés que nunca lo hará?

  • No tengo idea. Cuando surgen mis libros, no surgen de mi yo, sino de una necesidad más grande. Ojalá que llegue al hogar que tenga que llegar y que cumpla la función o servicio que tenga que cumplir.

  • ¿Tus hijos los leen antes de que se editen?

  • No. Elijo a diferentes personas. Por ejemplo “Vínculos” lo leyeron las tres personas más fundamentales de la fundación, porque ese libro tiene la función de darles las herramientas a los padres para que hagan su camino de redención en la historia de sus hijos.

  • ¿Qué fue lo más lindo que te dijeron sobre tu último libro “Vínculos”?

  • Muchas cosas y todo bellísimo. Pero el más reciente fue el de una mamá que su hijo entró a hacerse una cirugía, se complicó y está en terapia intensiva. Y en ese proceso cae el libro “Vínculos” en sus manos. Me dijo que mi libro la ayudó a incorporar todas las herramientas en la terapia intensiva. Me contó que está sabiendo atravesar este enorme desafío, que se convirtió en una madre activadora, sanadora y no se puso en el lugar de víctima. Yo le contesté que el siguiente paso es que en ese mismo cuarto, entable una relación con la vida y con la muerte, porque uno nunca sabe. Cuando uno está en terapia intensiva, está teniendo una experiencia personal con la vida. Y la familia de esa persona y esa experiencia, son simplemente veedores. La forma de acompañar es entendiendo que se va a cumplir lo que tenga que cumplirse. Hay que prepararse para poder vivirlo con sabiduría.

  • Fundaste FOUNDCHILD. ¿Cuál es la función de la fundación?

  • Su función fue mutando a lo largo de su historia. Hoy está proyectada a ser educadora. Una escuela para padres dónde ir incorporando en los organismos, en el aspecto jurídico, en las escuelas, toda la base científica y filosófica de la vida del niño y su familia. Para prevenir situaciones o atravesarlas de la forma más saludable posible. Por otro lado, la fundación recibe a muchos padres, que los asesoramos filosófica y científicamente para que el papá se anime a hacer el camino interior y resuelva la historia familiar, no para sí, sino para el hijo. Hay papás que no les interesa resolver, sino quedarse en la pelea.

  • ¿En cuántos países funciona?

  • Nuestra oficina es online, o sea que funciona en todos lados.

  • ¿Por qué se habla poco de los niños alejados de sus padres? ¿Porque es un caso de difícil solución?

  • A mi no me parece que se hable poco. El tema tiene un lugar en la población y que a cada rato sale a la luz alguna historia de algún papá que no ve a su hijo.

  • ¿Dónde tiene que recurrir una madre o un padre que está viviendo una situación así?

  • A los organismos que ayudan en este tipo de situaciones. Lo que pasa es que cuando el adulto pide que se resuelva para sí, se complejiza muchísimo el tema. Porque se está partiendo más al chico y se termina en un culebrón social y jurídico, permaneciendo en la pelea y no ayuda en la resolución. Hay casos que llegan a la fundación en los que quieren permanecer en sus status quo de pelea personal, de guerra en contra del otro padre, y nos critican y repudian. Nosotros dejamos que la historia hable sola. A veces pasan años y ese papá viene diciendo “cómo no te escuché antes!”, “cómo no te pude escuchar en ese momento”, “me hubiera evitado todo esto”. Nuestro trabajo es que se resuelva el síntoma en esta generación para que no la tenga que atravesar la que viene.

  • ¿Con qué palabra identificás tu vida hoy?

  • No puedo definirte mi vida en una palabra. Estoy en un momento de enormes cambios. Mi vida ha sido una eterna transformación y nada es inmóvil para mí. No es que llegué a una cima y allí me siento, sino que entendí que soy una caminante y que mi vida es una travesía que te lleva por caminos tan disímiles que nunca te los podrías imaginar.

  • ¿Qué fue lo más importante que hiciste en tu vida hasta hoy?

  • Todo el camino ha sido importante.