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Entrevista aFelicia:violencia y abusos.Cuenta su historia

Felicia Anchetca tiene 68 años y dos hijas. Su historia está lejos de ser una típica historia de amor. Luego de padecer los brotes de violencia de su marido alcohólico, decidió contar lo que le pasaba y denunciar. Él fue tres veces preso. Hoy está libre. Ella intentó rearmar su vida. Pero hasta el día de hoy siente miedo.

Hoy no quiere que otros pasen por lo que ella pasó. Asegura que la denuncia y el pedir ayuda, son claves para salir adelante.

  • Tu esposo, ¿cuándo comenzó a ser violento contigo?

  • Especialmente cuando tomaba. A él desde muy joven le gustó la bebida pero cuando nuestras dos hijas eran chicas, se controlaba. Sin embargo, después empezó a agarrársela conmigo cuando venía borracho. Era horrible porque yo no sabía qué hacer ya que antes no existían los grupos de apoyo a las víctimas que existen ahora. Me hacía la vida imposible y siempre lo amenazaba con denunciar hasta que un día no aguanté más.

  • ¿Cuánto tiempo estuvieron casados?

  • Unos 30 años.

  • Con tus hijas, ¿también era violento?

  • No, solo se la agarraba conmigo.

  • ¿Cuándo decidiste denunciarlo?

  • Nosotros vivimos un tiempo en Durazno pero después decidimos mudarnos a Montevideo en busca de una mejor salida laboral. Cuando nos mudamos, mi esposo seguía en la misma porque tenía más amigos y salía a tomar. Después de eso, decidí acercarme a la Comuna Mujer donde me dijeron lo que tenía que hacer y me trataron muy bien. Me ayudaron también a divorciarme sin tener que pagar nada.

  • ¿Cuándo dijiste: "hasta acá llegué"?

  • Fue un día que vino borracho a las dos de la madrugada. Cuando venía así, siempre me echaba de la cama y yo me armaba un lugar con almohadones en el suelo para poder dormir. Ese día, yo me fui a dormir al piso pero él fue a la cocina, agarró una cuchilla y me dijo que me iba a matar. En ese momento, salió una de mis hijas y lo paró. Pero yo pensé que me iba a matar de verdad así que decidí no seguir así y me fui de mi casa caminando y llorando sola, esperando que fuera más temprano de la mañana para poder ir a Nuevo París a pedirle ayuda a mi primo. Él me acompañó a hacer la denuncia. Finalmente, mi esposo quedó preso. En total, estuvo en prisión tres veces.

  • Cuando salía en libertad, ¿retomaban el contacto?

  • Una de las veces que salió de la cárcel me fue a buscar a mi trabajo, en Pocitos. Me esperó disfrazado con lentes, de pelo largo y gorra. Estaba muy desprolijo. Cuando salí y lo vi pensé que era una de las personas que trabajaba en una obra que estaba cerca. Hasta que se acercó a mí y me dijo: "Así te quería agarrar. Te voy a matar". Tenía una cuchilla grande de carnicero en un bolsito y me tiró al suelo. Cuando grité, se fue. Llamaron a la policía, los que vieron lo que me pasó me ayudaron y fue preso otro vez. Siempre estaba en la cárcel dos o tres años pero salía peor de lo que entraba. Otra vez que salió, andaba dando vueltas en mi barrio y una vecina me avisó que tenía una botella de nafta que según decía él era para mi hija pero que, en realidad, era para quemarme la casa.

  • ¿La policía te dio respuesta o apoyo?

  • No siempre. Me acuerdo que una de las veces que quedó libre, mi marido me rompió uno de los vidrios de una casita que yo alquilaba en el Cerro a pesar de que tenía prohibido acercarse a 500 metros de mi casa. Llamé a la policía pero me dijeron que como no tenía testigos, no lo podía acusar.

  • ¿Cómo han vivido esta situación tus hijas?

  • La menor de ellas no quiso saber nada del padre y la mayor, que fue quien estuvo el día que me amenazó y decidí denunciarlo, lo sigue viendo hasta el día de hoy. Yo no quiero saber nada de él y hasta ahora me pasa que cuando veo a alguna persona sospechosa, me da miedo.

  • ¿Cómo es el vínculo con tu hija que sí se sigue llevando con él?

  • Bien. Yo no le digo nada. Ella era una de las que estaba en la casa cuando pasaba todo, sabe lo que hizo su padre. Tienen 40 años. Igualmente, hay veces que me agarra con los pájaros sueltos y le digo que su padre no se merece nada. A veces me da rabia.

  • ¿Qué secuelas te quedaron?

  • Me enfermé de los nervios y me vino Parkinson en los brazos. El doctor me dice que me tranquilice pero hasta el día de hoy vivo con miedo.

  • ¿De dónde sacaste fuerza para salir adelante?

  • No sé. Dios me dio fuerza y junto a las Mujeres de Negro que me han ayudado, salí.

  • ¿Se convive para siempre con miedo?

  • Sí. Me dicen que me tranquilice pero no puedo. Dios me protegió. Ahora estoy contenta porque siempre trabajé de doméstica y ahora por el BPS, hace cuatro meses me dieron un apartamentito en el Cerro. Después de tantos años de andar y andar y de vivir en lo de mi hija, tener mi casa es una emoción enorme. Pero no estoy tranquila. A mí me encanta salir y aunque el lugar tiene vigilancia, ando siempre con los ojos atentos. Esto no es vida.

  • ¿Se puede recuperar un hombre violento?

  • No.

  • ¿Qué le dirías a quien está pasando por una situación de violencia?

  • Cuando me pasó a mí no había nada de ayuda pero hoy no se queden con los brazos cruzados. Tienen que hacer la denuncia inmediatamente.

  • Hoy han pasado muchos años y él está libre, ¿cómo se sigue viviendo con eso?

  • Mientras esté vivo, no voy a poder sacármelo de la cabeza. Siento miedo. No quisiera que nadie pasara por lo que yo pasé. Doy gracias a Dios que estoy contando el cuento, es como que me ha puesto una cortina para que no pueda pasarme nada. Le tengo mucha fe al padre Pío y siempre estoy rezando. Pido que me saque esto de la cabeza para no enloquecerme.