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Pequeña gigante: la niña que se resistió a la ablación y hoy lucha por salvar a miles

Fuente: Clarin.com

La primera vez que llegó la temporada de mutilaciones genitales, Nice Leng’ete y su hermana mayor huyeron y se ocultaron toda la noche en un árbol. La segunda vez, su hermana se negó a esconderse.

Para las familias masai, la ceremonia de ablación transforma a las niñas en mujeres y las marca como novias elegibles. Pero para Nice, a los 8 años parecía una amenaza: sería sujetada por mujeres más grandes, y su clítoris sería amputado. Sangraría, mucho. La mayoría de las niñas se desmayaban. Algunas morían.

Pero su hermana se dio por vencida. "Había intentado decirle ‘estamos huyendo por algo que vale la pena’", recordó Leng’ete, hoy de 27 años. "Pero no pude ayudarla".

Leng’ete nunca olvidó lo que sufrió su hermana y, al crecer, estuvo decidida a proteger a otras niñas masai. Fundó un programa que va de una aldea a otra, donde colabora con patriarcas y niñas para crear un nuevo rito de iniciación —sin la ablación de clítoris. En siete años, ha ayudado a 15 mil niñas a evitar el ritual de mutilación.

Su labor refleja tendencias nacionales —y globales. Los índices de mutilación genital femenina en todo el mundo se han reducido un 14% en los últimos 30 años. Kenia prohibió la mutilación genital femenina en 2011 y en 2014 abrió una unidad especial para investigar casos de mutilación. Pero las leyes creadas en la capital a menudo tienen poco efecto en el campo.

En la región masai, los patriarcas hacen cumplir las costumbres, y durante mucho tiempo la ablación de clítoris fue la más importante.

Tras su segunda huida, el abuelo de Leng’ete, su tutor, le pidió que explicara sus motivos. "Cuando se dio cuenta de que yo quería huir de él para siempre, dijo: ‘dejémosla. Cuando quiera hacerlo, nos lo dirá’", recordó.

Su abuelo era patriarca, así que lo que él decía no podía invalidarse. Pero de todos modos, la comunidad la excluyó. "Las familias no me dejaban jugar con sus hijas", dijo.

Tras la ceremonia de ablación, su hermana dejó de ir a la escuela y, a los 12 años, la casaron con un hombre mayor que la maltrataba. Leng’ete, mientras tanto, se convirtió en la primera niña en su aldea en ir a la secundaria y se dio cuenta de que las niñas más pequeñas admiraban su uniforme. Les dijo que tenía oportunidades porque se había negado a la mutilación y pronto algunas aparecieron en su casa huyendo de la ceremonia.

Debido a que las ayudó, tuvo que esconderse —otra vez. Cambió su enfoque. Negociaría con los patriarcas. Tradicionalmente, las mujeres no tenían permitido dirigirse a los patriarcas. Leng’ete se dio cuenta de que tenía una oportunidad después de que los patriarcas la mandaron a un taller sobre salud adolescente y sexual. Les dijo a los patriarcas que tenía que compartir lo que había aprendido. Le dieron permiso para abordar a los hombres más jóvenes, pero ninguno la escuchó.

Se convirtió en un fastidio tal que los hombres mayores les dijeron a los jóvenes que se sentaran con ella. Pero sólo tres accedieron a escucharla. Gradualmente, llegaron más y los temas se expandieron —desde el VIH y y prevención de embarazo adolescente hasta el matrimonio precoz y, por último, la mutilación genital. Leng’ete convenció a los jóvenes de que la ablación no era buena para la comunidad y ellos la ayudaron a convencer a los patriarcas.

Después de casi cuatro años de diálogo, los patriarcas abandonaron la mutilación. Leng’ete y los patriarcas planearon un tipo de ceremonia diferente para celebrar a las niñas y, el año siguiente, el número de niñas en la escuela se disparó. Su campaña se extendió a aldeas vecinas y, con el tiempo, a la sede más alta de poder masai, el consejo de patriarcas que se reúne a las faldas del Monte Kilimanjaro. En 2014, cambiaron la constitución que rige a más de 1.5 millones de masai en Kenia y Tanzania y abandonaron la mutilación genital.

"Lo único que está mal es la ablación", dijo Leng’ete. "Todo lo demás —las bendiciones, ponerse la ropa tradicional, bailar, todo eso— es hermoso. Pero simplemente deshagámonos de cualquier cosa que sea dañina, que cause dolor y que les robe los sueños a nuestras niñas".